Origen del nombre y contexto histórico

 El Champaquí es el cerro más alto de la provincia de Córdoba, Argentina. Su nombre significa “cerro de la laguna en la cumbre”, y lo sabemos sólo porque investigadores como Aníbal Montes, Antonio Serrano y Pablo Cabrera rescataron un reducido vocabulario del idioma comechingón, que hoy se ha perdido. 

Los jesuitas a cargo consideraron que “las lenguas de estos indios ninguno de nosotros las entiende ni tampoco es menester, pues todos han aprendido la lengua del Inga”, es decir el quichua. ¿Qué pudo haber intimidado a los eruditos jesuitas, que en otros casos tanto hicieron por preservar la cultura nativa? 

Los indios locales eran los comechingones y sanavirones. Los primeros estaban en el centro y se extendían hacia el oeste, ocupando parte de lo que hoy es San Luis; los sanavirones hacia el norte, cerca de Santiago del Estero. Sin embargo hay topónimos de ambas culturas entremezclados por todo el territorio de Córdoba. Parecían hablar a veces en su propio idioma, a veces en quichua, a veces en cualquiera de los idiomas de sus vecinos. Los españoles contaron al menos una docena de dialectos en lo que llamaban el país de los comechingones; Ameghino bien podría haber situado la torre de Babel aquí. La situación mediterránea de la provincia puede haber contribuido a esta concentración, pero también hubo otras causas.

A mediados del siglo catorce una delegación de diaguitas —una cultura vecina situada al oeste de Argentina—, anticipándose a una posible invasión del alto Perú, fue a pedirle al rey del Cuzco que los “civilizara” y les enseñara a adorar su dios, además de prometer obediencia a sus nuevos amos. Si bien los comechingones no pidieron ser conquistados (habían hecho prácticamente morir de hambre a la expedición de Diego de Rojas, escondiendo todo lo que pudiera ser comido), su idioma recibía la influencia del quichua a través de sus vecinos subyugados, quienes también aportaban voces de su propia lengua. Por otra parte, el invasor de la vieja Europa era pragmático. ¿Por qué aprender tantos idiomas para entender uno solo, cuando los indios aprendían el quichua con una sorprendente facilidad? Este acto de desidia trajo como consecuencia la muerte de una lengua que pudo haber sobrevivido.

No hacer el esfuerzo por entender lo desconocido tiene un precio. Uno es la extinción de una lengua; otro podría ser la extinción de la especie humana.