El Mercado del Tikbalang

Al final, Susy y Lucas no eran productores ni actores del Reality, sino sus víctimas. Un miércoles cualquiera habían salido como una pareja normal, dispuestos a pasar un día apacible en la montaña.

Al llegar al portal del Champaquí notaron que no estaban solos. Una camioneta roja estacionada delataba la presencia de alguien en lo alto del cerro. Se acercaron con curiosidad y, en la caja, vieron un pequeño aparato.

Les pareció divertido “tomarlo prestado”, jugar a descubrir de qué se trataba y, con suerte, devolverlo después. No eran precisamente dos "honestos" a rajatabla, pero tampoco criminales.

—Bueno —dijo Susy—, ahora podemos subir tranquilos; si nos perdemos, ya tenemos un GPS.

No sabían que ese GPS, lejos de ser un auxilio, sería su perdición.



Subieron hasta llegar al bosque. De pronto, la atmósfera cambió: la luz del sol se volvió más débil y el silencio se tornó abrumador. Hacía calor; se quitaron los abrigos, atribuyéndolo al esfuerzo de la subida. Entonces, entre los pinos, divisaron una construcción.

—Que  genialidad—dijo Susy—. No sabía que habían puesto un bar en medio de la montaña.

—Entremos —dijo Lucas— y preguntemos cuánto falta para la cima.


El bar era acogedor, con muebles de madera y una decoración minimalista. El calor era sofocante, así que pidieron un par de latas de Coca-Cola. Lucas, mientras bebía, se dirigió a la moza, una mujer de mirada fija y sonrisa tensa:

—Dígame, ¿cuánto falta para llegar a la cima?

—¿Qué cima? —respondió ella, sin pestañear.

—La cima del Champaquí.

—¿La cima del… qué?

—El Champaquí —repitió Lucas—, el cerro donde estamos, ¿no?. Empezamos a subir y nos encontramos con este lugar.

La moza los observó con una calma incómoda. Luego preguntó:

—Ustedes no son de acá, ¿verdad?

—No —contestó Susy—, somos de Saldrán.

—Esto es Villa Alpina —dijo la moza, con voz inexpresiva—. Ese cerro que nombran no lo conozco. Quizás sea otro, a unos veinte kilómetros.

Susy y Lucas se miraron, inquietos. Prefirieron no seguir preguntando y buscar una salida. Pero, para disimular, Lucas se arriesgó a un comentario:

—¿Qué música es la que suena? Parece Mozart, pero…

—Es Mozart, señor —respondió la moza con seriedad—. Una pieza costumbrista. “Lámeme el culo”.

Susy empezó a reír nerviosamente, incapaz de detenerse. La moza los observó un instante más y se retiró sin decir nada. La tensión se hizo insoportable. Antes de irse, compraron dos latas más para el camino.

—Las más frías que tenga —pidió Susy.

Apenas salieron, encendieron el GPS. Lucas no era experto, pero lo suficiente como para orientarse. Localizó el portal en el mapa y avanzaron en esa dirección. Sin embargo, siempre volvían al mismo lugar. Dieron vueltas en círculos durante lo que pareció una eternidad.

—No podemos salir —dijo Lucas.

—Ese aparato es una porquería —gruñó Susy—. Hasta le falta una perilla… con razón lo dejaron tirado.

Susy bufó y sacó el teléfono de su bolsillo.

—Dejame a mí , voy a usar el GPS del celular.

Pero, tras insistir, dijo frustrada:

—Esto tampoco funciona.

Lucas lo examinó y respondió:

—No hay señal. Estás usando una app que necesita internet. Por eso no anda.

—¿Y por qué el tuyo sí? Anda como el orto, pero anda… —y empezó a reír y llorar al mismo tiempo.

—Porque depende de satélites, no de internet.

—Tengo frío —murmuró Susy.

Lucas intentó abrazarla, pero ella se apartó:

—No me abraces, pelotudo. ¡Estás chivado!

Hay algo admirable en las mujeres: pueden estar extraviadas en el espacio y el tiempo, pero nunca desaprovechan la ocasión para señalar el mal olor en el sobaco ajeno.

—Bueno, tomá mi campera —dijo Lucas.

—Dala vuelta —ordenó Susy.

—¿Cómo?

—Dala vuelta, está empapada. Y hacé lo mismo con la tuya.

Lucas obedeció, sin saber que Susy acababa de salvarles la vida. Los bucles espaciotemporales no son un invento moderno: los antiguos filipinos ya hablaban de ellos, atribuyéndolos al espíritu de un árbol o a una criatura mítica. También conocían la salida: vestirse con la ropa del revés.

—Volvió el frío —dijo Susy.

Ambos comprendieron que estaban de regreso en el mundo normal. Corrieron cuesta abajo hasta llegar al portal. Allí, jadeante, Lucas descubrió que había perdido el teléfono.

El GPS seguía en su bolsillo.


—Es una hipótesis magnífica —le dije a Danilo—. Cuénteme con qué se drogó a ver si puedo alcanzar el mismo grado de lucidez.

—Es sentido común, nada más. Los que podrían haber estado bajo la influencia de un alucinógeno son ellos, Susy y Lucas, pero eso no cambia el hecho fundamental. Experimentaron algo anómalo y estaban aterrados.

—En serio, su hipótesis explica casi todo: la voz trémula de Susy diciendo que no sabe dónde está. Los movimientos erráticos del track, tal vez. El extravío del teléfono de Lucas y hasta la intención de desprenderse, junto con el GPS., de una latita de coca cola Y un tema que parece obsesionarlo: por qué la coquita estaba tan helada. También explicaría la huida de ambos a toda carrera.

—Supongo que ahora vendrán las objeciones.

—Un escéptico diría que está tratando de explicar un misterio con otro. Lo único que no me cierra son algunos detalles.

—Dígalos y veremos si puedo satisfacer sus dudas.

—La espina de Lucas. Pensábamos que era una excusa para cumplir un cronograma.

—Tambien postulamos que Lucas quería descansar. En la hipótesis de este humilde servidor, hay razones de sobra para justificar su agotamiento.

—Es verdad. Por otro lado —agregué—, tenemos la persecución de Susy en puntas de pie para devolverle el GPS, que según usted ella y su cómplice habrian sustraído de la camioneta. Demasiado teatral.

—¿Demasiado teatral? ¿Cómo piensa que iba a devolverlo, agitándolo en la mano y gritando "¡Miren lo que encontré!"?

—Muy bien, pero hay algo más. La entrega del GPS y la coquita, una cosa en cada mano, como en un spot publicitario. ¿Le parece propio de una persona aterrada que intenta huir del lugar a toda prisa?

—No sé.

—Yo tampoco. Pero si su hipótesis es correcta, ese final solo puede significar una cosa.

—Dígala.

—Estan actuando no sólo para usted sino para otros. Es decir, el argumento puede ser tal cual usted lo cuenta. Pero es una actuación, que otros están viendo. Usted sólo ve el final.

—Ilumíneme con el guión completo.

—Lucas y Susy no llegaron el miércoles, sino el lunes.

—¿Cómo llega a tal precisión calendaria?

 —Los movimientos erráticos en los tracks. El del 17 termina así, el del 19 empieza igual. El mismo lugar, las inmediaciones del portal. Como si alguien hubiese apretado pause el 18 de mayo y después reanudado la película dos días más tarde.

—Volvemos a la idea de la edición de la realidad. El Reality corta y pega escenas como quiere. Cuesta imaginar semejante poder.

—Surge de su hipótesis.

—Los movimientos erráticos del 17 podrían no ser de ellos, sino del que venía bajando. Yo hablé con él y me dijo que encontró mi GPS. Lo dejó en la camioneta.

—Podría ser. Pero, como Lucas y Susy, fue tragado por el bucle. Nadie lo vio salir.

—¡Por eso nunca terminó de bajar! Pero si nunca terminó de bajar, ¿quién dejó mi GPS en la camioneta?

—Adivine.

—Me imagino. ¿El Reality?

—No necesariamente. El clon del galeno fue el primero en anunciar la noticia.

—Recuerdo que usted lo llamó "Profeta de la retroactividad". ¿Por qué?

—Remitase al capítulo 5, El nodo cuántico, si es tan amable.

—Bueno, este humilde servidor, actor involuntario de lo que usted llama el Reality, tiene varias cosas para decir, si se me permite tan inmerecido honor.

—Yo quisiera saber quién hizo el casting. Pero adelante, diga lo que quiera.

—Primero, ha hecho una excelente recreación de mi hipótesis. ¿Inventó eso de los filipinos?

—¿Cuándo este humilde servidor, como diría usted, ha inventado algo? Se lo contaré en detalle.

—Escucho.

 Aunque la ciencia actual no reconoce los bucles, ya eran conocidos por culturas aborígenes. El mito filipino habla del Tikbalang, criatura con cabeza y patas de caballo que extravía a los viajeros haciéndolos regresar siempre al mismo lugar. La solución era colocarse una prenda del revés. Para mí, esa intuición escondía un conocimiento profundo sobre la geometría del espacio y el tiempo.

¿No es curioso que para fabricar una cinta de Moebius haya que dar media vuelta a la tira antes de pegarla? Una de sus propiedades es que, al desplazarse, se vuelve al punto de partida con la orientación invertida. La cinta de Moebius no es otra cosa que un bucle. Y podría estar ofreciéndonos una pista que los antiguos ya conocían.


Ser "tocado" por el Reality es una experiencia que yo no recomendaría a nadie con firmes convicciones  sobre cualquier cosa. Investigar o cuestionar la naturaleza de la realidad es algo que la humanidad viene haciendo desde tiempos remotos, desde los filosofos griegos hasta los físicos cuánticos. Algo muy diferente es experimentar esa naturaleza en carne propia. El choque ontológico puede ser inmenso. Por esto supuse que mi amigo se había quedado "tildado" con un detalle aparentemente insignificante como la temperatura de la coquita helada de Susy. Pero ahora lo veía claro: esa inocente latita era el residuo de otra capa de la realidad, sobreviviente de un naufragio en el espaciotiempo, un trofeo que Susy exhibía no como un premio a la honestidad de Danilo (se entendia ahora la sorna de Lucas al presentarlo como "un honesto"), sino como un gesto triunfal de quien ha salido con vida del laberinto. Pero si ella no era parte del staff del Reality sino victima, ¿por qué actuaba su victoria para la cámara? 

Comprender el significado profundo de la coquita helada de Susy me dio escalofríos y hasta fiebre. Puede haber tenido algo que ver que, mientras experimentaba esta epifanía, me sorprendió un helado chubasco al salir del supermercado. Y no era casual. En ese supermercado se presentó el CCM del capítulo 6, La edición infinita, intentando cerrar la sesión del Reality. A pocas cuadras de allí, años después, irrumpió el minimercado que no existía, tras la subida del track de la zona franca, en un irresponsable experimento al cual mi amigo había accedido sin pestañear, incluso con alegría, poniendo su GPS al servicio de una curiosidad infinita.  Ahora, en mi afiebrada visión, lavada de todo prejuicio por la lluvia torrencial que no cedía, la coquita de Susy era el hilo conductor que unía los nodos del Reality: el café Chaflán, el albergue Piedra Blanca, el bar de la moza que escuchaba Mozart, el supermercado de los CCM, el minimercado de la zona franca...Todos eran locales comerciales o de mero registro (como el albergue) aparentemente normales que fungían como bocas de expendio del Reality. ¿Desde cuándo operaba? Al no estar limitado por el espacio y el tiempo convencionales, parecía lógico suponer que desde que la humanidad empezó a comerciar y registrar sus transacciones.

Y mientras avanzaba con el agua hasta las rodillas, en un estado de éxtasis casi gripal, oia los ecos cada vez más claros de un mercado demasiado antiguo, donde posiblemente había comenzado la historia.

Era un día cualquiera en un mercado fenicio: puestos de telas, especias, ungüentos, esclavos; la gente negociando a los gritos; el olor a pescado y a incienso mezclado con sudor humano. Un hervidero. Pero más que un mercado era una red: cada transacción era también un mensaje, una marca de presencia, un nodo que enlazaba puertos lejanos.

La coca helada en la montaña no es distinta de la púrpura de Tiro o del vidrio de Sidón. Es mercancía.

El Reality comercia con nosotros sin que nos demos cuenta. Nos hace entrar en sus bazares camuflados y salir con un contrato firmado en la mano, aunque creamos que es solo una gaseosa. El contrato está impreso con tinta invisible y en un lenguaje casi indescifrable. Sin pedirlo, sin poder evitarlo, nos obliga a actuar. No hay promesa de paga ni garantía de satisfacción. 

El puerto de Biblos, las velas blancas hinchadas por el viento, mercaderes descargando ánforas mientras otros anotaban en tablillas. Las tablillas eran el GPS. Los tracks las rutas de navegación comercial. Y en medio de ese bullicio, flotando como una sombra anónima, el Reality. Sin rostro, sin bandera, sin nombre, pero presente en cada transacción.

La red comercial del Reality no empezó con nosotros ni con Susy ni con Lucas. Está ahí desde que los fenicios transformaron un molusco azul en una tinta roja que los hizo ricos y famosos. Quizás por eso el GPS cambió su menú de azul a rojo y a perfil marino. No era un error técnico: era la historia desplegándose ante nosotros. Era el Reality, editándonos en vivo.









Origen del nombre y contexto histórico

 El Champaquí es el cerro más alto de la provincia de Córdoba, Argentina. Su nombre significa “cerro de la laguna en la cumbre”, y lo sabemos sólo porque investigadores como Aníbal Montes, Antonio Serrano y Pablo Cabrera rescataron un reducido vocabulario del idioma comechingón, que hoy se ha perdido. 

Los jesuitas a cargo consideraron que “las lenguas de estos indios ninguno de nosotros las entiende ni tampoco es menester, pues todos han aprendido la lengua del Inga”, es decir el quichua. ¿Qué pudo haber intimidado a los eruditos jesuitas, que en otros casos tanto hicieron por preservar la cultura nativa? 

Los indios locales eran los comechingones y sanavirones. Los primeros estaban en el centro y se extendían hacia el oeste, ocupando parte de lo que hoy es San Luis; los sanavirones hacia el norte, cerca de Santiago del Estero. Sin embargo hay topónimos de ambas culturas entremezclados por todo el territorio de Córdoba. Parecían hablar a veces en su propio idioma, a veces en quichua, a veces en cualquiera de los idiomas de sus vecinos. Los españoles contaron al menos una docena de dialectos en lo que llamaban el país de los comechingones; Ameghino bien podría haber situado la torre de Babel aquí. La situación mediterránea de la provincia puede haber contribuido a esta concentración, pero también hubo otras causas.

A mediados del siglo catorce una delegación de diaguitas —una cultura vecina situada al oeste de Argentina—, anticipándose a una posible invasión del alto Perú, fue a pedirle al rey del Cuzco que los “civilizara” y les enseñara a adorar su dios, además de prometer obediencia a sus nuevos amos. Si bien los comechingones no pidieron ser conquistados (habían hecho prácticamente morir de hambre a la expedición de Diego de Rojas, escondiendo todo lo que pudiera ser comido), su idioma recibía la influencia del quichua a través de sus vecinos subyugados, quienes también aportaban voces de su propia lengua. Por otra parte, el invasor de la vieja Europa era pragmático. ¿Por qué aprender tantos idiomas para entender uno solo, cuando los indios aprendían el quichua con una sorprendente facilidad? Este acto de desidia trajo como consecuencia la muerte de una lengua que pudo haber sobrevivido.

No hacer el esfuerzo por entender lo desconocido tiene un precio. Uno es la extinción de una lengua; otro podría ser la extinción de la especie humana. 


 


El ADN del Reality

El ADN como memoria

El Reality nos ha conducido a escenarios extraños. De una expedición en el cerro al descubrimiento de un registro grabado en circunstancias misteriosas, de su estudio a la simetría de los nodos cuánticos y de allí a lo que parece una edición de la realidad en vivo. Como si este paisaje no fuera suficientemente ajeno a la experiencia cotidiana, la trama sugiere la presencia de un componente biológico que no podemos ignorar. 

En los últimos años la biología molecular dejó de hablar del ADN solo como el código genético de la vida para empezar a explorarlo como un medio de almacenamiento de información. Ahora sabemos que, además de la herencia genética, puede almacenar libros completos, sistemas operativos, tarjetas de regalo y virus de computadora, para citar unos pocos ejemplos de la vida real. El procedimiento para lograrlo es ingenioso. La información digital que codificamos como ceros y unos se traduce en combinaciones de las cuatro bases nitrogenadas (A, T, C, G). Así se obtiene un sistema de almacenamiento tan eficiente que un gramo de ADN podría guardar más datos que todos los discos rígidos fabricados hasta hoy y, a contramano de la actual tendencia del mercado, durar mil años. Hace tiempo esto dejó de ser especulación teórica.

En 2017, un equipo del MIT logró grabar imágenes en movimiento dentro de bacterias vivas. El resultado fue un gif del caballo de Muybridge –una de las primeras secuencias fílmicas de la historia– almacenado cuadro por cuadro en el ADN de la bacteria E. coli. Ese experimento demostró que el ADN puede ser utilizado como cámara biológica.

ADN sintético y superficies programables

El paso siguiente fue fabricar ADN sintético, es decir, moléculas artificiales que no necesariamente cumplen funciones biológicas, pero que sirven como soportes de memoria. Estos fragmentos pueden aplicarse sobre superficies sólidas (chips, vidrios, polímeros) como si fueran una capa de barniz que imprime códigos invisibles con datos, instrucciones o marcas de autenticidad.

Esto significa que un objeto físico puede contener una especie de “firma genética” que no proviene de la biología, sino de la ingeniería.


El ADN del Reality

Ahora bien: si el ADN puede funcionar como cámara, memoria y marcador, ¿qué impide pensar que en el Reality Champaquí el GPS no sólo haya grabado datos, sino que también los haya transferido o editado en un soporte de tipo biológico o sintético?

En esta hipótesis el GPS, además de comportarse como receptor de señales satelitales, también pudo haber actuado como cámara biológica externa, servido como marcador cuántico (registrando coordenadas espaciales, temporales y narrativas) y como soporte de edición retroactiva, donde la información se reescribe sobre superficies físicas o sobre la memoria misma de los protagonistas.

Habiendo comprobado que el ADN puede almacenar todo tipo de datos, la frontera entre memoria biológica y registro tecnológico se vuelve difusa. El Reality Champaquí podría estar usando cadenas sintéticas de ADN como marcadores cuánticos, actuando como “pistas” de edición que permiten que la historia se reescriba sobre los hechos ya ocurridos. 


El pasado y la edición de la historia 

A la fecha, la ciencia ha demostrado que el ADN puede guardar videos e imágenes; el ADN sintético puede marcar objetos y almacenar datos invisibles y que estos registros pueden ser releídos, editados y reprogramados.

Si el Reality Champaquí opera con esta lógica, entonces estamos frente a un sistema de edición de la realidad basado en soportes biológicos y cuánticos. Un mecanismo que no solo registra lo que pasó, sino que puede reinsertar versiones modificadas de los hechos.

El GPS, en este marco, habría sido menos un dispositivo y más un portal de transferencia entre la experiencia y su edición.

El caballo de Muybridge cabalgando en bacterias ya no sería solo un experimento curioso, sino la prueba de concepto de cómo la realidad misma puede ser filmada, archivada y reescrita.

Esto nos remite, una vez más, a una conclusión inevitable: si el soporte puede ser editado —y si esa edición actúa sobre el propio sustrato de lo registrado— entonces la "verdad" del pasado se convierte en una construcción manipulable.


Riesgos éticos y políticos

Si la tecnología avanza en la dirección de soportes vivos y autorregistrantes, se vuelve técnicamente posible que actores con acceso privilegiado adopten estrategias de control tiránico: podrían introducir información falsa directamente en los soportes que sustentan memoria y percepción. (Se me ocurren varias ideas estrafalarias y deliciosamente conspiranoicas: un calendario de vacunación obligatoria que inocula en el individuo una versión artificial de su propia historia y la del mundo que lo rodea, por ejemplo) Las preguntas que emergen son obvias y urgentes:

¿Quién regula el derecho a escribir en estos soportes? ¿Cómo distinguir un registro original de una edición molecular insertada retroactivamente? ¿Qué salvaguardas tecnológicas, legales y sociales se imponen?


El Reality dentro de mil años

Si la tendencia continúa, el ADN dejaría de ser un simple contenedor para convertirse en la infraestructura de la realidad. Cada objeto y organismo contendría un registro codificado, y los editores del futuro trabajarían desde dentro de ese tejido molecular. Un reality como el que estudiamos —el Reality Champaquí— podría entonces ser un artefacto retroactivo: los tracks aparecerían cuando los editores decidieran que deben existir; las anomalías que hoy nos asombran serían manipulaciones perfectamente orquestadas. La edición no alteraría sólo archivos o memorias externas, sino la sustancia misma de lo vivido. La distinción entre recuerdo, grabación e invención se vuelve insostenible. Lo que hoy se nos presenta como anomalía podría ser, en esta hipótesis, un síntoma temprano de que la realidad ya es —o está en proceso de volverse— editada desde dentro.


Volvemos al café Chaflán. Danilo sentía fuertes molestias por una desgarradura en la pierna. Tras beber el café, la mejoría fue inmediata e inexplicable: no solo dejó de sentir dolor, sino que salió trotando y dio dos vueltas a la rotonda, como si un reseteo físico se hubiera activado en tiempo real. Esta escena es un indicio de que el Reality no solo manipula registros digitales o marcadores cuánticos, sino también cuerpos físicos, programando al protagonista para que cumpla con la actuación prevista. El café, un objeto cotidiano, se convierte así en vehículo mínimo de edición: un recordatorio de que el sistema actúa sobre la biología con la misma precisión que sobre los tracks y los objetos. En otras palabras, “alguien o algo quería que Danilo estuviera en forma para la actuación”, y lo logró de manera inmediata y tangible.

Si un café puede borrar un desgarro en segundos, el Reality ya no se limita a intervenir en los registros del tiempo: se atreve a reescribir la biología. Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿hasta qué punto la trama no está actuando ya en el ADN de los propios protagonistas?

Como es fácil advertir, una persona sensata debería dejar de involucrarse en este asunto de inmediato y poner punto final a esta rara historia. Como también es fácil adivinar, eso no tiene ninguna posibilidad de ocurrir, salvo que el guión lo impida. Y aun si ese fuera el caso, intentaremos llevar este asunto hasta las últimas consecuencias.



Notas 

Yaniv Erlich & Dina Zielinski (2017). "DNA Fountain enables a robust and efficient storage architecture." Science. PubMed: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28254941/. Also: ScienceDaily summary.


Seth L. Shipman et al. (2017). "CRISPR–Cas encoding of a digital movie into the genomes of a population of living bacteria." Nature. PubMed: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28700573/. Free article: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5842791/.


ScienceAlert (2017). "For the first time, scientists have encoded a movie in the DNA of living bacteria." https://www.sciencealert.com/for-the-first-time-scientists-have-encoded-a-movie-in-the-dna-of-living-bacteria.


Wired (2017). "A movie, operating system and Amazon gift card have been stored in DNA." https://www.wired.com/story/dna-data-storage.


The Atlantic (2017). "This Speck of DNA Contains a Movie, a Computer Virus, and an Amazon Gift Card." https://www.theatlantic.com/science/archive/2017/03/this-speck-of-dna-contains-a-movie-a-computer-virus-and-an-amazon-gift-card/518373/.

Cine sobre la cinta de la realidad

El Reality Champaqui no parece tan solo un “experimento cuántico en la montaña” ni un simple reality de exteriores con cámaras ocultas. Todos los indicios apuntan a una producción audiovisual con tecnología imposible.Imposible no por el uso de drones o micrófonos de nanotecnología, sino porque la edición no parece efectuarse sobre un archivo de video, sino sobre la realidad misma.

Por momentos, los personajes actúan como utileros conscientes de que no aparecerán en escena: avanzan torpemente hasta su puesto asignado y tras esta chapucería, entregan el objeto, dicen la línea precisa, ejecutan la coreografía perfecta. Como Susy, que persigue en puntas de pie a Danilo pero remata impecable con el GPS y la coca en cada mano; o el clon del galeno, con una entrada épica, seguida de un “se te perdió algo” sin lógica de continuidad, como si alguien hubiese extirpado de la toma las presentaciones del caso para acentuar el efecto dramático del encuentro.

La edición retroactiva es lo más inquietante: el GPS, que no estaba, ahora siempre estuvo y genera un track; un gesto mal ejecutado se sustituye por otro fluido; la realidad entera pasa por postproducción, como si la línea de tiempo fuera un archivo editado en directo.
 
La edición de la realidad, los mundos múltiples y la simulación 
 
El track Villa Alpina no es solo un registro geográfico: es un artefacto narrativo, un rastro digital que sostiene la trama y al mismo tiempo la delata. Revela que la realidad aquí no solo se vive: se escribe. Pero esta pista abre una pregunta espinosa: ¿desde cuándo se escribe? ¿Es un fenómeno reciente, activado en un contexto controlado como un experimento de campo? ¿O hemos habitado siempre en una realidad editada, con rastros que hoy llamaríamos OOPArts, con construcciones imposibles y eventos anacrónicos que no encajan en nuestra línea histórica oficial? La hipótesis no es inocente: si la edición no es nueva, todo lo que entendemos como historia podría ser también un montaje en postproducción.

Confrontemos esto con la teoría de los mundos múltiples: si cada decisión crea una realidad alternativa, ¿qué hace una edición? ¿Elimina una rama? ¿La reescribe? ¿La mezcla con otra? Y si es así, ¿en qué momento deja de ser “nuestra” realidad y pasa a ser una versión derivada, un corte de montaje? La diferencia con la simulación propuesta por Bostrom es crucial: aquí no estamos hablando de una hipótesis abstracta y probabilística, sino de un escenario con evidencias tangibles. No especulamos que podría haber una simulación: tenemos rastros, objetos y eventos que encajan mejor bajo la lógica de un proceso de edición que bajo  hipótesis incomprobables, aunque no sean incompatibles con los postulados de la física clásica.

Lo más perturbador de esta hipótesis es que insinúa un universo sin supervisión última, sin un “guardián cósmico” que preserve la integridad de la trama. Si la realidad puede ser editada, también puede ser destruida o abandonada a su suerte. Y quizá esa ausencia de supervisión sea precisamente la razón por la que estas intervenciones son posibles. Asi las cosas, los editores podrían ser los "supervisores". Quizás lo que algunas culturas antiguas llamaban "vigilantes".

¿Dónde está el espectador?

Y si uno se pregunta qué es más difícil —entrelazar cuánticamente un GPS con el auto de Lucas, colapsar la desaparición del GPS justo cuando Danilo abre la mochila, o hacer lo mismo pero editando la realidad con cortes invisibles y fundidos que borran recuerdos sin romper demasiado la continuidad— la respuesta es una tercera opción que no es física cuántica sino cine o televisión sobre la realidad. No filmar la realidad, sino reescribirla en postproducción desde adentro.

Para el espectador “desde afuera”, la experiencia es doble: ve una narración limpia, con ritmo y precisión, pero sabe —o al menos intuye— que lo que recibe no es la primera versión del mundo sino una segunda, fabricada sobre la marcha. Es como asistir a una obra de teatro en la que los actores también son utileros, y los utileros a su vez editores del universo. 

Pero ¿cómo sabemos que Susy, mientras persigue a Danilo, no está montando una escena paralela que el protagonista ni siquiera sospecha? Podría estar haciendo muecas, dando indicaciones a cámaras invisibles, susurrando instrucciones o incluso bailando para romper la tensión. Lo que nosotros vemos es sólo la versión final, la versión pulida y editada; la verdadera producción podría estar plagada de tomas descartadas, guiones cambiantes y bloopers que jamás llegarán a la pantalla.

Y entonces, ¿quién es el espectador de este reality? ¿Dónde está, y qué es lo que realmente observa? ¿Se trata de alguien que asiste a un teatro oscuro donde las luces sólo muestran una fracción, o de un operador en una sala de control llena de pantallas que reproducen universos alternativos? En este reality, la realidad misma es el set, y el público, un misterio.

 
El no disimulo y la retroalimentación

Aquí surge lo que no se puede ignorar: los editores no disimulan. Si quisieran ocultar las ediciones, podrían hacerlo sin dificultad. En cambio, dejan huellas visibles, como migas de pan en el bosque. Esto puede ser una distracción calculada —mostrarnos parte del engranaje para que creamos que descubrimos algo— o un juego abierto, donde la consciencia de la edición es parte de la trama. En ambos casos, nuestra ignorancia absoluta no es necesaria; quizás incluso sea más interesante ver cómo reaccionamos sabiendo que hay manipulación.
 



Y en esa grieta aparece algo inesperado: la retroalimentación. Dos sujetos, munidos con tecnología obsoleta y curiosidad infinita, lejos de intimidarse, toman la muestra que el sistema les inoculó —el track Villa Alpina— y lo alimentan con uno de los subtracks que lo componen, reinyectándolo en la misma lógica que lo creó. Es un acto de contraedición o piratería ontologica: el material que nació como herramienta de control narrativo se convierte en insumo de una narración paralela. No rompe la realidad, pero la contamina. Si los editores lo permiten, es porque subestiman el efecto, o bien lo contemplan como parte del guión. En cualquier caso, es la primera evidencia de que no estamos condenados solo a ser personajes: también podemos, aunque sea a escala mínima, actuar como coeditores.


El regreso del búmeran

A mediados de mayo de 2021 Danilo me llamó y dijo:
—Tengo que hablar con usted.
—¿Cómo le fue en el Champaquí? —pregunté.
—Me fue bien, pero ocurrió algo muy extraño.
—¿Qué pasó?
—Es complicado. Extravié el GPS. Me encontré con un tipo igual al aclamado galeno..., que me hizo hablar por teléfono con otro que supuestamente tenía el GPS pero no apareció nunca y…Bueno, es largo. Dígame cuándo puedo ir. Quiero que examine el GPS.
—Pero, ¿no dice que lo extravió?
—Finalmente lo recuperé.
—¿Y para qué quiere que lo revise? ¿Funciona mal?
—Al contrario, diría que anda mejor que antes.
—No estoy entendiendo.
—Cuando le cuente va a entender menos.
—Me está entusiasmando.
—Espero que le dure. ¿Cómo andan de comida sus gatos?
—Siempre preguntan por usted.
—Dígales que salgo para allá.

Así comenzó todo, con una charla en apariencia intrascendente. Ninguno sabía, por entonces, que ingresábamos a un reality del cual nadie había oído hablar, y del cual no sería nada fácil salir.

«A las seis en punto de la mañana del 17 de mayo de 2021, cuatro camaradas y yo partimos en dos autos —una camioneta Peugeot y un Fiat Grand Siena— por la ruta provincial número cinco hasta la rotonda que lleva a La Cumbrecita, tomamos la bifurcación hacia Villa Alpina y nos reunimos en el portal de ingreso al cerro Champaquí, con el propósito de escalarlo y hacer cumbre.

«La camioneta llegó a las 9:05. El Fiat, donde viajaba yo, a las 9:10. Minutos después comenzaba la marcha.

«Voy por delante de mis compañeros marcando el rumbo. La primera parada es un claro, que se abre a través de un espeso bosque de pinos. Lo bordea un arroyo, y me detengo aquí para cargar la cantimplora y encender el GPS.

«Lo busco en el bolsillo de la mochila donde lo guardé la noche anterior, pero no hay nada. Compruebo rápidamente que todos los otros bolsillos están cerrados. Vuelvo a recorrer mentalmente el camino que hice: al llegar me detuve en el albergue Piedra Blanca, que ese día estaba cerrado. Saqué una botella del bolsillo exterior de la mochila y la llené de agua. No hay razón para pensar que el GPS se me haya caído

“Después del café en el Chaflán desaparecieron todas las molestias y llegué al claro en apenas diez minutos, así que calculo que que son las nueve y veinte cuando constato que mi GPS no está donde lo dejé”.

Danilo del Arca no puede saber que desde las 9:22:53 su desaparecido GPS ha comenzado a grabar un track. Es una de las principales funciones de un GPS, grabar tracks, rutas que el dispositivo puede crear o seguir. Un track sirve para mapear terrenos desconocidos, señalar puntos de interés, compartir el trayecto realizado y venir al rescate donde todo rastro del camino se pierde. Lo que importa aquí es que el GPS extraviado ha comenzado a grabar un track. Quienquiera lo haya encontrado está dejando una huella. Ahora bien, ¿quién dejaría una huella en un GPS extraviado que acaba de encontrar y por qué?

Por supuesto, aún no estábamos en condiciones de entender que esa no era la pregunta correcta. No era quién sino qué. Mejor aún, la pregunta que debíamos formular era: ¿se había extraviado el GPS? Todo el tiempo hubo una pista que asomaba, esquiva e irónica, que no pudimos o no quisimos ver. El track había comenzado a grabarse en el preciso momento que Danilo abrió la mochila y descubrió que el aparato no estaba.

Este hecho aislado podría haber pasado por una inquietante casualidad. Pero este perverso mecanismo de relojería no estaba meramente al principio. También coronaba, y de la forma más flagrante, el final del track. Y en ambos casos, la señal del GPS estaba lejos de los protagonistas. Como si observara. Como si hubiese logrado escapar de su propia naturaleza transformándose en una especie de cámara de televisión. Había iniciado su escaneo —el track— al mismo tiempo que Danilo atestiguaba su desaparición, sí, pero a once kilómetros al este de donde se encontraba. Como un búmeran, el GPS regresaba desde un lugar a donde nunca fue, hacia un lugar del cual nunca se pudo haber ido.





El viaje imposible

Por milésima vez examino el registro y noto algo en lo que no había reparado antes.
—Vea esto —le digo a mi amigo—. Hasta que usted llega al claro, el track se mueve a unos veinte kilómetros por hora, la velocidad típica de un auto en esa ruta. A las 9:40, cuando usted ya salió del bosque, preguntándose donde está su GPS y se encamina a la tranquera, la velocidad del track se reduce durante cuatro minutos.El vehículo disminuye la velocidad, pero no se detiene.

—¿Y por qué piensa que reduce la velocidad?
—Supongo que lo están observando.
—¿Desde qué distancia?
—Unos seis kilómetros.
—Obviamente no están usando prismáticos.
—No, estimo que prefieren la televisión.

El registro indica que a las 10:03 el GPS ha llegado al portal de ingreso. Cuando esto ocurre, la gráfica de velocidad divide al track en dos: la primera fase parece desplazarse en un vehículo; la segunda a pie.





—Da la impresión de que alguien baja de un auto en el portal a las 10:03 —observo—. ¿Dónde está usted a esa hora?
—Me aproximaba a la tranquera. A punto de encontrarme con la pandilla del clon del afamado galeno.




Se te perdió algo

Mientras va saliendo de la ficción del bosque a la realidad de la sierra, de la sombra europea de pinos y abedules a la luz que alumbra al tabaquillo autóctono en peligro de extinción, Danilo decide que revisará mejor la mochila durante la próxima parada. Afortunadamente para él, no tiene idea de lo que pasa tras bambalinas; supone que el GPS debe estar en la mochila ya que no hay forma de que se haya perdido. Atraviesa una tranquera a la que sigue una curva detrás de la cual otro grupo de expedicionarios, a quienes no conoce, le traen noticias. El final de la curva los descubre en todo su decadente esplendor. Son, al igual que su grupo, cinco miembros visibles en total.
 

El auto del que venía bajando se detiene en el portal a las 10.03 (hora argentina), 01:03 p.m. hora GMT
La pandilla está conformada, al igual que su grupo, por cinco miembros visibles. Hay algo esencialmente falso —simulado, calculado, escenificado, artificial— en esta aparición: una especie de simetría que se repetirá una y otra vez al analizar el track que en ese preciso momento está grabando el GPS perdido.

«Están todos alineados y avanzan, dos morochos a cada lado de un gringo voluminoso.que habla por teléfono. Es más alto que el resto y está vestido como para opacarlos, con un pantalón cargo caqui y una campera roja, en tanto sus laderos se desdibujan como manchas de azul pálido y beige. El gringo evidentemente es el líder.

«Al principio le encontré cierto parecido con el médico de la fábrica donde trabajaba. Tras un examen más atento me di cuenta de que parecía su hermano gemelo.

—Si no me equivoco, usted me comentó que un día lo vio merodeando por su barrio. ¿Recuerda el hecho?

—Fue en 2014. Un día abrí la puerta del garaje y el venerable galeno pasaba caminando por mi vereda, así que lo saludé y le pregunté si me estaba buscando. Todavía era el gringo piola, no la lacra que devino luego. Respondió que se estaba ganando un dinero extra trabajando para una compañía de salud privada.

—Bien. Tenemos al clon del afamado doctor y sus cuatro laderos. ¿Cómo fue el encuentro?

—Fue algo muy teatral. El clon detuvo la marcha y los dos que tenía a cada lado se apartaron, de la misma forma que un grupo de extras se corre para dar paso al actor principal.

El falso galeno lo miró y, sin despegar el teléfono de la oreja, sonrió y le dijo a modo de saludo:

—Se te perdió algo.

No era una pregunta, era una afirmación. ¿Cómo podía saber este desagradable individuo que se le había perdido algo?

—Sí, perdí mi GPS —respondió Danilo.
—Lo encontró uno del grupo —dijo el clon y antes de que Danilo pudiera reclamar la devolucion, agregó: —Viene bajando.

El clon le extendió el celular, para que hablase con el que venía bajando.

—Hola.¿vos encontraste mí GPS?
—¿Cómo es tu GPS?
—Un Garmin eTrex 20 con un cordón amarillo.
—Sí, yo lo tengo.
—Bueno. Cuando llegues al estacionamiento, vas a ver dos autos, un Fiat gris y una camioneta roja. ¿Me lo podrías dejar en la camioneta? Lo más disimulado que puedas.

—¿Una camioneta roja…?
—Una chata roja Peugeot.
—Ah, sí. La veo.

Si podía ver la camioneta, estacionada cerca del portal de ingreso, significaba que ya había terminado de bajar. Por lo tanto, debía venir muy adelantado a su grupo, al que le restaban unos cuarenta y cinco minutos para completar el descenso. ¿Cómo era posible que no se hubiese cruzado con él en ningún momento, ya que no hay otro camino para subir o bajar? A menos que lo hiciera por un camino alternativo que, hasta donde sabía, no existía. Como fuere, no se entendía dónde diablos había encontrado el GPS. Si venía bajando del cerro, no podría haber encontrado el GPS en ninguna parte del trayecto de Danilo, que venía subiendo, sin haberse cruzado con él. De haber podido ver al que venía bajando, otra pregunta lo hubiera asaltado. ¿Por qué estaba usando su GPS para grabar un track?




El registro de un GPS minimalista

—La señal del GPS —observa mi amigo— viaja por la misma ruta que atravesamos una hora antes rumbo al Champaquí. Pasamos por el punto de inicio del track más o menos a las ocho y media. ¿Puede explicar por qué el recorrido empieza tan lejos?

Por supuesto que no puedo. La vista satelital muestra un paisaje desolado de altos pastizales y piedras. El registro indica que la grabación se inició once kilómetros al este del portal de ingreso. En efecto, el GPS parece estar volviendo, como un búmeran, desde un lugar a donde nunca fue.

¿Cómo llegó el GPS tan lejos? ¿Por qué está grabando el recorrido? Son preguntas que sólo podemos hacernos ahora, y es fácil razonar que sólo pudo haberse caído en la ruta.

—De ninguna manera —objeta Danilo—. No puede haberse caído en la ruta. El GPS va dentro de la mochila guardada en el baúl. El baúl no se abrió hasta que llegamos al portal.

—Entonces tenemos un problema porque tampoco puede haberse caído en el cerro.

Según el registro, a las 10:11 el GPS está en el restaurante de Alta Montaña, lo cual parece indicar dos cosas: que el que venía bajando ya habló con Danilo y que está buscando un lugar seguro donde dejar el artefacto.

La etapa del trayecto a pie muestra una suerte de caminata al principio lógica y luego muy extraña. A las 10.15 ya ha regresado de su aparente búsqueda de un sitio seguro para dejar el GPS y se instala a metros del albergue Piedra Blanca.


La señal permanece moviéndose erráticamente en un radio de unos veinte metros al norte del albergue Piedra Blanca hasta las 11:30, momento en que se ubica 4 metros al norte del albergue y ocurre un cambio físico en el GPS.

A 11:30:12, mientras la expedición almuerza en el puesto Moisés López, el menú del GPS cambia de color: de azul, a rojo. El archivo modificado corresponde al perfil “marino”, que habitualmente se utiliza para desplazarse en el agua.

—Parece que sus amigos —le digo— salieron a pescar.
—¿A pescar hombres, como el galileo?
—Yo diría que más bien es pesca deportiva. Pesca forteana, si quiere. No importa. ¿Qué ocurrió después?

«Aproximadamente a la una de la tarde, se me adelanta un paisano que sube a lomo de mula, en dirección al refigio Los Soles, donde nuestra expedición pasará la noche. Le propongo que baje hasta la camioneta y me traiga el GPS de vuelta. Le ofrezco por la tarea una paga que seguramente supera su ganancia del día. El hombre accede. Por la noche el paisano se presenta en el refugio y me informa que en la camioneta no hay nada».

El track le da, aparentemente, la razón al paisano. El registro indica que el GPS se acercó en algún momento a la camioneta, estacionada a unas dos cuadras del portal, pero continúa moviéndose. Esto no debería ocurrir si hubiese sido depositado. Luego se dirige hacia el restaurante de Alta Montaña y regresa al albergue a las 10:15. Desde entonces hasta las 11:46:49 del 17 de mayo, cuando termina el track, parece estacionado, pero un zoom nos muestra que se mueve de una forma errática y muy lenta entre el albergue y el portal.

—¿Cómo explica este lento rebote entre el albergue y el portal?

—Podriamos pensar que el que venía bajando depositó el GPS encendido en la camioneta, y que los movimientos erráticos se producen por una posición inestable del artefacto. Pero la distancia entre el albergue y el portal es de doce metros. No puede ser un objeto inestable. Más bien da la impresión de que su GPS está pivotando en el vacío dentro de una zona reducida.

—¿Podría ser el que venía bajando? Y en ese caso, ¿por qué va y viene entre el albergue y el portal por más de una hora?

—El movimiento recuerda al de un insecto. Como si el GPS hubiese perdido peso y flotara ingrávido.

—¿Está sugiriendo que quien robó mí GPS está usando nanotecnología?

—No dije eso. Pero es una idea fantástica y no la descartaría. Si lo que se mueve así es una persona, parece estar esperando algo. Está muy nervioso o…, bueno, ha enloquecido.
—¿Y dónde encontró mi GPS?

— Como usted dice, el GPS no se puede haber caído en la ruta. Pero tampoco se puede haber perdido en el cerro. Supongamos que lo extravió apenas llegó a las 9:10. El track empieza a las 9:22. Esos doce minutos, ¿alcanzan para llevar el GPS al punto de inicio del track?

—Claro que no. Se necesitan entre veintiocho y treinta y cinco minutos en auto para cubrir esos once kilómetros. A menos que lo haya encontrado un demente que salió disparado a toda velocidad.

—De ida y vuelta son 22 kilómetros. El demente tendría que haber ido a más de 100 kilómetros por hora. No parece gran cosa para un auto pero…

—Esa ruta es muy difícil. Un auto no podría ir a más de 30 kilómetros por hora. Y ese es precisamente el tope que marca la gráfica de velocidad. ¿Podría ser una moto?

—En auto o en moto —respondo—, un ladrón no lo devolvería, menos después de grabar un track.

—Entonces, si exceptuamos la hipótesis del ladrón arrepentido, el GPS no se puede haber perdido en la ruta y tampoco en el cerro.

—Exactamente. Si vamos a creerle al track, y es lo único que tenemos, el GPS no puede haberse perdido en ninguna parte.

Pero el GPS sí se había perdido: el que venía bajando aseguraba haberlo encontrado.






Un café demasiado mágico

—Ustedes se detuvieron en un café a las 7:20, ¿verdad?

—Sí, nos detuvimos veinte minutos en el café Chaflán, que está sobre la rotonda de donde sale el empalme para Villa Alpina.

—Durante ese tiempo, ¿mantuvieron el Fiat a la vista?

—El café tiene un amplio estacionamiento; así que no estuvimos pendientes de los autos. De todos modos, si alguien abrió el baúl y robó el GPS de la mochila, tuvo que sortear el cierre centralizado del baúl.
—Mientras estuvo ahí, ¿ocurrió algo fuera de lo normal, por mínimo que sea? ¿Algo que le llamara la atención?
—No que yo recuerde.
—¿Circulaba gente en la calle?
—Poca gente. Era una mañana de otoño en las sierras.
—En el restaurante, ¿había otros parroquianos?
—Sólo un par de personas más. Parecía gente normal. Turistas, tal vez.
—¿Y usted? ¿Cómo se sintió mientras estuvo en el café…?
—Buena pregunta, porque la respuesta es…De pronto, me sentí demasiado bien.
—¿Usted no se sentía bien cuando llegó al café?
—Aquella mañana partí con fuertes molestias en la pierna por un desgarramiento sufrido una semana atrás, llegando a solicitar dos días de carpeta médica en el trabajo.
—Supongo que se la concedió su venerado doctor Cretini.
—Él en persona.
—¿Cuándo fue esto?
—Días antes de la expedición. Mi médico personal recomendó tres días de reposo, pero Cretini sólo me extendió dos, miércoles y jueves. No tuve necesidad de exigir la licencia del viernes porque ese día la empresa avisó que no debíamos ir, ya que realizarían una desinfección.
—¿Qué clase de peste había?
—La paranoia de la pandemia.
—Vaya lugar más mugroso.
—Por favor, no omita en su crónica que trabajaba en una empresa top.
—¿Una empresa top que ocultaba las piezas falladas cuando llegaba la inspección?
Prosiga por favor.
—El lunes siguiente, como sabe, partimos hacia Villa Alpina. Pedí a mis compañeros que me tuvieran paciencia, porque no estaba en condiciones físicas óptimas y cuando entramos al restaurante las molestias en mi pierna seguían. Tras beber el café en la rotonda, de repente y sin explicación alguna, todo rastro de dolor o molestia desapareció. Incluso, aunque mis camaradas lo interpretaron como una indicación de que mi malestar era fingido, salí del local y di un par de vueltas a la rotonda, trotando a buen ritmo, para comprobar si realmente estaba tan bien como me sentía.


Alguien o algo quería que el protagonista del Reality estuviera en forma.






Susy no sabe donde está

A mediodía del martes 18 de mayo la expedición alcanza la cumbre del Champaquí, a casi 2800 metros de altura. Media hora después emprenden el regreso, que culminará en la tarde del miércoles 19 de mayo de 2021.


«A las cuatro de la tarde del 19 de mayo, faltando menos de quince minutos para llegar al puesto Moisés López, diviso una pareja que sube. Se trata de un hombre alto, de aspecto nórdico, que parece fisicoculturista y de una mujer morena, también alta y voluptuosa, a los que veo prodigándose demostraciones de afecto demasiado ardientes. Cuando me ven recobran la compostura. Sin saludarme, el hombre me pregunta si falta mucho para llegar a la cima.

«Le respondo que sí, que les conviene pernoctar en Moisés López y al día siguiente continuar.

A las 16:39:50, el GPS extraviado —que desde mediodía del 17 de mayo no registra nada— ha comenzado a grabar el segundo y último track.





El recorrido empieza cerca del portal de ingreso, hacia donde Danilo se dirige para esperar a sus compañeros. El registro muestra movimientos erráticos en un área reducida alrededor del portal.

«Siendo casi las cinco y cuarto de la tarde, en descenso, llego a la entrada del bosque y me siento sobre una piedra para fumar un cigarrillo, que nunca llegué a encender. Miro hacia un lado y veo un teléfono móvil en el suelo, al alcance de mi mano. Lo levanto y mientras me dispongo a examinarlo este suena».

—Parece algo controlado. Note cómo, tanto el 17 como el 19 de mayo, ocurren dos eventos notables cuando usted se encuentra en un área delimitada por el borde del bosque. En el primer caso, cuando sale del bosque sin su GPS, un auto reduce la marcha durante cuatro minutos, luego sigue avanzando por la ruta que lleva al portal. En el segundo caso, cuando se sienta sobre la piedra y encuentra el teléfono, diría que esto sucede en el mismo borde.

—Creo que sé a dónde apunta. Usted supone que estamos ante un área donde algo se desmaterializa, como el GPS, y se materializa, como el teléfono.

—Exacto. ¿Cuánto tiempo tuvo para examinar el teléfono antes de que sonara?

«Literalmente cero. Al levantarlo suena y en la pantalla del móvil aparece el nombre Susana, Susy para los amigos. Atiendo y saludo. Largo silencio. “Perdí el celular”, es lo primero que escucho. Le digo que yo lo encontré y le pregunto dónde está. Tras una larga pausa me responde. “No sé donde estoy”. La forma en que lo dijo me resultó conmovedora. Parecía extraviada, desvalida. Le pregunto si está en Villa Alpina. Tampoco sabe».

Danilo aguza el oído intentando captar el ruido de fondo. No escucha nada, pero tiene la sensación de que alguien le está dictando a Susy las respuestas.

«Le pido que mire a su alrededor y me diga si puede ver el cartel del Portal de Ingreso al Champaquí. Al fin parece que ve algo. Le digo que me espere ahí, que en quince minutos llego».

En cuanto Danilo se pone en marcha, los movimientos erráticos en la señal del GPS cesan.




Lucas, el continuista

«Parto a reunirme con Susy. Son las 17:20. Unos cinco minutos después me sale al paso un sujeto que sube al trote, extenuado. No lleva equipo ni ropa apropiada para escalar y deduzco que sólo está dando un paseo. Cuando aún media entre nosotros una distancia de tres metros, me mira y sin saludarme me dice: “Perdí mi celular”».

Vaya lugar más extraño. Parece que aquí nadie saluda y todos hablan de objetos perdidos. Danilo aún no sabe que se ha encontrado con Lucas, el continuista.

—¿Por qué cree que Lucas llegó corriendo a su encuentro?
—Tal vez porque había dejado a Susy sola esperando en el portal.
—A mí me parece que Lucas sabía que usted tenía el teléfono. ¿Cómo podía saberlo? Del mismo modo que el clon del galeno. Está gente parece tener ojos en todas partes Lo que no sé es si su prioridad era encontrarse con usted o sacárselo de la mano.
—No sé. Dijo que perdió el teléfono. Respondo que yo lo encontré, que hablé con Susy y le prometí llevárselo al portal. Entablamos una charla amigable mientras le explico que no puedo demorarme porque me aguardan mis compañeros. Me sigue y me cuenta que empezaron a escalar el cerro con Susy, pero se dieron cuenta de que la cumbre estaba muy lejos y se volvieron. Supongo que fue entonces cuando perdió el teléfono. Lucas me pregunta en cuánto tiempo se llega a la cima. Le respondo que una escalada completa entre ascenso y descenso requiere como promedio tres días. Le muestro el celular y se lo entrego. Ahora me doy cuenta de que fue un error. Tendría que haberlo puesto a prueba. No sé por qué pero se lo di.


«Lucas pregunta por mis camaradas. Le digo que son compañeros en la autopartista donde trabajo. Afirma que unos años atrás dio en la empresa un curso. Curiosa coincidencia, yo estuve entre los asistentes. No recuerdo a Lucas pero sí la temática, que era rodamientos SKF. Transcurridos unos minutos me pide que nos detengamos porque se clavó una espina.

«Encontrar el teléfono en el lugar donde me senté y que este sonara apenas lo levanté era una coincidencia llamativa; que Lucas, el dueño del teléfono —aparentemente el novio de Susy, la mujer que había llamado—, hubiese dado un curso al que asistí ya era bastante raro, pero la aparición de una espina en un lugar que conozco y donde sé que no hay me puso en guardia. Lucas se disculpa por estar retrasándome, mientras se quita el calzado pero no las medias. Si había una espina, nunca la vi. Tras un par de minutos continuamos».

Quizás el buen Lucas quería descansar. O tal vez estaba haciendo tiempo para cumplir con un horario preestablecido.




La reunión en el portal

En el portal de ingreso al Champaquí Lucas y Danilo se reúnen —según el registro del GPS a las 17:31— con Susy. Viste una campera chaleco roja y unas calzas negras ajustadas. Danilo la describe parecida a Semjase, una supuesta extraterrestre cuya fotografía aparece en muchos libros y sitios de internet ilustrando la interminable saga de los contactos de Billy Meier con los pleyadianos. ¿Qué tenía que hacer una figura tan vapuleada como Semjase aquí?

“Yo diría que es una asociación inconsciente. Villa Alpina fue literalmente plantada por inmigrantes europeos que querían recrear el paisaje natal. Este paisaje evoca aquel otro donde el suizo supuestamente encontró a su musa galáctica. Pinos, abedules, cabras…La suma de hechos extraños y coincidencias a esta altura empezaba a sentirse como algo irreal. De ahí la comparación”.

—¿Podría enumerar esos hechos?
—Primero, la desaparición del GPS. No encontraba una explicación lógica de dónde y cuándo se podía haber perdido. Segundo, la aparición de un sujeto idéntico al médico de la fábrica, con el cual no tenía una buena relación: me resultó inquietante. Tercero, la conversación con el que venía bajando, al que esperaba cruzarme y nunca apareció. Cuarto, el hallazgo del teléfono. Uno no espera encontrar uno en medio de la nada. Quinto, la llamada de Susy. Fue demasiado instantánea. Sexto, la aparición de Lucas…, y séptimo, la forma en que terminó todo.


Son las 17.35. El registro indica que a esa hora el GPS está a escasos metros, no más de treinta, al norte del portal.

—¿Dónde está usted a las 17:35?
—Llego con Lucas al portal donde nos está esperando Susy, aparentemente muy tranquila, de brazos cruzados.

Lucas presenta a Danilo como “un honesto”, por no haberle robado el teléfono y ella lo saluda con un choque de puños, como era habitual en la época de la pandemia de coronavirus. Conversan unos minutos y Lucas se retira a buscar su automóvil, estacionado cincuenta metros al este del portal.

—Bien. Lucas se retira a buscar el auto. Susy debería haberlo acompañado, ¿verdad?
—No necesariamente. Lo llamativo no es que se quedara, sino que me siguiera.




La coquita de Susy

Susy no se va con Lucas. No hay más coches ni más gente en la escena. Villa Alpina no tiene más de cincuenta habitantes permanentes y además es un miércoles; las hordas turísticas llegan los fines de semana.

“Cuando planeamos la expedición” me ha dicho Danilo en repetidas ocasiones, “decidimos ir un día de semana para no encontrarnos con seres humanos…Y hoy creo que esto resultó estrictamente cierto”.
Al ver que Susy se quedó y justificándose por la descortesía de alejarse rápidamente, Danilo le explica sin detenerse que debe buscar un GPS extraviado, que tendrían que haberle dejado en la camioneta. A una cuadra de su objetivo le parece que Susy lo viene siguiendo, un poco por detrás, pero no se vuelve. Aprieta el paso y llega a la camioneta. Empieza a revisar los ángulos de la caja, uno por uno. Es una operación que le demanda tres segundos porque no ve nada.
Son las 17:48 pasadas. El segundo y último track termina su grabación. Nadie puede verlo, pero el registro indica que en ese momento el GPS está inconvenientemente lejos, a un kilómetro al este de la camioneta. Sin embargo esa distancia no será un obstáculo para la magia de Susy.
Antes de que pudiera examinar el último rincón de la camioneta y dar el GPS definitivamente por perdido, Susy aparece —junto al lado de la camioneta que faltaba revisar— y le pregunta: “¿Es éste?”, extendiéndole el artefacto extraviado, al tiempo que saca de alguna parte una latita de coca cola y se la entrega como premio, aparentemente, a su honestidad. Según Danilo, ella le ofrece ambas cosas a la vez: en una mano el GPS y la coquita en la otra.

—No puede ser más cinematográfico —protesto, indignado—. La pose de Susy con una cosa en cada mano es una típica imagen publicitaria. ¿Para quién actúa? Más importante aún, ¿cómo sabemos que el GPS que le dio es el mismo que usted extravió?
—Aparentemente es el mismo. Pero ahora que lo pienso, si pueden clonar a mi admirado galeno también pueden con el GPS.

En ese preciso momento, mientras Danilo recibe el GPS y la coquita de manos de Susy, Lucas aparece al volante de su Renault Sandero y abre la puerta. Susy se despide, sube rápidamente al auto y ambos se alejan a toda velocidad, como si quisieran evitar preguntas o que alguien los alcance. Danilo mira el auto empequeñeciendo detrás de una nube de polvo que hace parecer la escena cada vez más irreal.
Mientras espera el regreso de sus camaradas, enciende el cigarrillo que la llamada de Susy interrumpió, pone en marcha el GPS y sorbe la coquita de Susy, que en su opinión está extremadamente fría.

—¿Qué tan fría?
—Demasiado fría.
—Pero es mayo, son casi las seis de la tarde y usted está al pie del cerro más alto de la provincia.
—Está tan fría como si alguien la hubiese arrojado desde la cumbre en una noche invernal.
—¿Cómo sabe que no hay una heladera portátil en el auto de Lucas?
—No lo sé, pero créame cuando le digo que estaba demasiado fría.




El adiós de las cabras

Al encender el GPS, el color del menú ha sido cambiado de azul a rojo. Mientras intenta espantar a un grupo de unas treinta cabras que lo rodean, posiblemente en busca de alimento, se apodera de él una abrumadora sensación de irrealidad.

—Esas cabras —le digo—, son testigos de la máxima importancia en este caso.
—No me va a decir que las cabras también están actuando .A esa hora se empiezan a oír los cencerros de las que vuelven a ocuparse de sus crías. Es algo normal.
—Desde luego. Para mí la evidencia no está en las cabras, sino en los cencerros. Tengo la impresión de que la sensación de irrealidad que usted experimenta es como el lento despertar de un sueño. No es casual que mencione los cencerros de las cabras en ese momento.
—¿Usted está sugiriendo que todo fue una alucinación?
—Me encantaría poder hacerlo. Pero tenemos un track que lo desmiente.


En efecto, si no fuese por el track encontrado, este debería ser el fin de la historia. Cuando mi amigo volvió a la ciudad y me relató su experiencia, le pedí que llevara el GPS a mi casa para examinarlo, lo cual hicimos un par de días después. Nos aguardaba una gran sorpresa.

El registro imposible

El track Villa Alpina

Desde luego no esperaba nada ni remotamente parecido a lo que encontré; mi principal propósito era averiguar la hora en que había sido cambiado el color del menú. No se me ocurría otra cosa para satisfacer la curiosidad de mi amigo, a quien notaba profundamente alterado por los acontecimientos de Villa Alpina. Era evidente que alguien se había entretenido con el GPS tras el extravío, pero pensé que todo terminaba ahí. A menudo me pregunto qué hubiese ocurrido si pasábamos por alto el “obsequio” dejado por nuestros misteriosos donantes.

—No hubiera pasado nada —asegura mi amigo—. Sabían que lo íbamos a encontrar.

—Parece que consideraron la posibilidad de que no lo viéramos. Por eso cambiaron el color del menú.

El cambio había ocurrido el 17 de mayo hacia las once y media de la mañana, cuando el GPS ya se había extraviado. Esto era intrigante, pero no conducía a ningún lado. Empecé a revisar las demás carpetas en busca de algún otro cambio, por si acaso. Al examinar el directorio donde se alojan los tracks, vi uno que no tendría que haber estado ahí. Aparecía como grabado el 19 de mayo de 2021 a las ‎05:48:50 p.m., aproximadamente la hora en que Susy “encuentra” el GPS en la camioneta. Era el track Villa Alpina[1].

Pregunté a mi amigo qué era este track. Se acercó para mirarlo y tras un brevísimo examen respondió: “Eso no es mío”. El nunca podría haberlo grabado, me explicó, ya que no recuperó el GPS hasta que Susy se lo hizo aparecer, minutos antes de pegar la vuelta.

Examinamos el track con el Garmin. Estaba compuesto por varias rutas, algunas de las cuales coincidían —parcialmente— con su expedición es y otras no. 

—Déjeme ver —dijo. Y tras un rato—: Esto es muy raro.

En efecto lo era. La hora de grabación del track coincidía “aproximadamente” con la devolución del GPS. Sólo teníamos la hora del track y no la hora de la entrega para comparar. Como pudimos comprobar al reconstruir los hechos de la tarde del 19 de mayo, la hora de la entrega tendría que haber ocurrido entre las 17:46 y las 17:51, y dado que el track se grabó a las 17:48 no se podía descartar la posibilidad de que la grabación y la entrega hubieran sido simultáneas. Esta proximidad era incómoda, porque parecía indicar que el GPS estaba encendido y grabando cuando Susy lo encontró. Y que había detenido la grabación en el último segundo.

—No entiendo el propósito —dije— de meter en el GPS un track con cincuenta horas de recorrido. 

—Podría tratarse de un mensaje. Un mensaje en forma de track, tal vez.

La idea de encontrar un mensaje en el track era estimulante, aunque no le veía demasiada lógica, a menos que en todo ese laberinto de rutas hubiese alguna pista de cómo descifrarlo. El hecho de no haber participado de la expedición, pensé, me daría cierta objetividad para el análisis. Siempre es más fácil resolver los problemas de los demás porque uno no está involucrado. No tendría que esperar mucho parar descubrir mi error.

Hice una copia del archivo y prometí que lo examinaría detenidamente. Unos días después, al hacer zoom sobre una parte del track, una mezcla de horror y fascinación me llevó a descubrir que una combinación de teclas aumentaba el zoom más allá del límite del software. Era mi barrio. Era mi calle. Y, sin lugar a dudas, también era mi casa.

A las 10:03 del 17 de mayo, el que venía bajando detiene su automóvil 51 metros (primer punto azul desde la derecha) al este del portal (marcador rojo). Exactamente donde el 19 de mayo se encuentra estacionado el auto de Lucas.

Llamé de inmediato a Danilo y le pedí explicaciones. Le mostré el zoom sobre mi casa y seguí el trayecto hasta el final: terminaba en su propio domicilio. Mi amigo declaró que él jamás había creado ese track; mucho menos —observó— cuando el recorrido que unía ambos puntos era aéreo. Le pregunté si estábamos en problemas.

“No le quepa la menor duda”, respondió.

Después de darle muchas vueltas al asunto, me di cuenta de que sería imposible entender el track Villa Alpina —si había algo que entender— sin examinar el código fuente. Como su nombre lo indica, este código es el origen de la información que contiene el track. Allí se guardan los parámetros que componen cada punto de la ruta: latitud, longitud, altitud, velocidad, año, día, mes, hora, minutos y segundos. Así podemos saber dónde está el GPS en un momento determinado y calcular la duración de cada tramo, entre otras cosas. Los interesados en el aspecto técnico pueden consultar el detalle del software de análisis GPS utilizado.

Terminado el desglose del código, se hizo evidente que el track Villa Alpina estaba compuesto por 20 subtracks o recorridos, en fechas que iban desde el 25 de febrero al 19 de mayo de 2021[2]. De estos veinte trayectos, cuatro de ellos[3] registran un desplazamiento aéreo entre la casa de Danilo y la mía. Llama la atención que en estos viajes, que en una marcha a pie pueden cubrirse en cuarenta minutos, lo que fuere que trazó los tracks demora hasta tres horas.

Esta notable lentitud la volveríamos a encontrar repetidamente, incluso en una versión extrema, donde para recorrer una distancia que se puede cubrir en menos de una hora a pie, esta cosa se tomó cuatro días, al cabo de los cuales se estacionó en una esquina, frente a una escuela. Fue entonces cuando descubrimos que este infatigable —y chismoso —viajero no sólo se movía por curiosidad; estaba muy bien informado y sabía quién había ido a esa escuela, delante de la cual yo había pasado mil veces sin tener idea.

Separar el track Villa Alpina en las partes que lo componían aclaró un poco el panorama. Existe en los GPS algo conocido como “track log”, que es un registro de los puntos del recorrido. Si este track log no se pone a cero al principio de la grabación, o no hay suficiente espacio libre, o la memoria del GPS esta sobresaturada, puede ocurrir que los distintos trayectos se acumulen y superpongan en un solo track[4]. Esto podía haber ocurrido en el track Villa Alpina y como resultado los únicos trayectos realmente nuevos debían ser los del 17 y 19 de mayo, coincidiendo con el ascenso y el descenso de la expedición.

Lo bueno era que el problema se reducía ahora a dos tracks; lo malo que en este enjambre de trayectos había cuatro, entre la casa de mi amigo y la mía, grabados por alguien o por algo que no nos invitó. Esto de por sí ya resultaba muy extraño, y la pregunta inevitable era si estos trayectos podían ser reales o inventados. La razón para poner en duda su autenticidad era que esos recorridos formaban parte del track Villa Alpina y, por consiguiente, podían haber sido grabados durante el tiempo que el GPS estuvo perdido. Por qué alguien se tomaría el trabajo de inventar algo así quedaba fuera de nuestra comprensión.

Sin embargo un detalle descubierto después de la expedición nos obligó a considerar que el track Villa Alpina podía estar describiendo un recorrido real. En el dispositivo encontramos otros tracks anteriores a la expedición, que al archivarse automáticamente habían pasado desapercibidos. Estos tracks no sólo no debían estar ahí, sino que desafiaban la lógica más elemental del espacio y del tiempo.

NOTAS

[1] El nombre del archivo encontrado es Track_VÍLLA ALPINA.gxp

[2] Las fechas de los subtracks, todas de 2021, son: 25 de febrero, 27 de febrero, 1 de marzo, 16 de marzo, 18 de marzo, 21 de marzo, 7 de abril, 10 de abril, 11 de abril, 12 de abril, 14 de abril, 19 de abril, 24 de abril, 27 de abril, 01 de mayo, 11 de mayo, 12 de mayo, 16 de mayo, 17 de mayo, 19 de mayo. La superposición de trayectos es un fenómeno conocido por los usuarios de este y otros modelos de GPS. Una forma de prevenir esta calamidad es archivar los tracks manualmente; de lo contrario lo hará el propio dispositivo. (Gracias a esta característica de autoarchivado descubrimos muchos otros tracks sorprendentes).

[3] Estos cuatro tracks corresponden a 18 de marzo, 10 de abril, 11 de abril, 12 de mayo.

La edición infinita

Este episodio explora las consecuencias del fallo en la salida y desentrelazamiento del GPS, así como la imposibilidad de cierre de sesión posterior a su reingreso al mundo físico.

Lucas —o Susy, o ambos— parecen haber logrado devolver el dispositivo, pero no cerrar la sesión abierta ni cortar definitivamente su enlace con el sistema del Reality. Esto resulta particularmente problemático, ya que implica dejar en el mundo ordinario un elemento capaz de continuar editando la realidad. Su permanencia habilita consecuencias imprevisibles.

Prueba de esto sería el episodio de la subida del subtrack de la zona franca en mayo de 2025, que desencadena la aparición del minimercado: una escena que parece haber sido generada retroactivamente. La escena pertenece a una línea temporal que no existía al momento original, pero cuya irrupción —de forma editada— ahora queda fijada.

Esto lleva a una hipótesis preocupante: que el Reality haya sido afectado por su propio mecanismo, y los involucrados hayamos heredado, involuntariamente, la capacidad de editar el propio Reality, al devolverle su lógica de intervención. ¿Podría eso haber inquietado al sistema?

El episodio de los CCM

En diciembre de 2021, meses después de la expedición, se produjeron dos eventos singulares que podrían vincularse con intentos fallidos del sistema de cerrar la sesión abierta. Ambos ocurrieron en jueves y con una semana de diferencia, implicando a policías y mochilas, en lo que denominamos el episodio de los CCM (Canas Con Mochila). Como refleja el acrónimo, por entonces no nos tomábamos el asunto muy seríamente, ignorantes de la gravedad de lo que estaba en juego.

En el primer caso, Danilo recibe un llamado desde la concesionaria donde fue a firmar unos papeles: el policía del lugar “está desesperado” porque Danilo se llevó su mochila. Algo que evidentemente no ocurrió. En el otro, en un supermercado, una cajera me dice que “hay un problema” mientras aparece un policía. Luego de sugerirme hacer una extracción (que rechazo), le muestra al policía una mochila vacía. Este niega con la cabeza y se va. No hay explicaciones, ni diálogos, solo una escenificación ambigua.

Ambos episodios parecen escenas truncas, como si el sistema hubiese intentado cerrar la sesión del GPS mediante algún mecanismo narrativo fallido. Lo significativo es que la subida del subtrack fue en 2025, pero estos eventos parecen haberse producido como efectos retroactivos, en diciembre de 2021.

La hipótesis de la edición retroactiva

Si el Reality puede editar hacia atrás en el tiempo, entonces la interacción con el sistema deja de ser lineal. No se trata solo de lo que hicimos, sino de lo que podríamos llegar a hacer. Es decir: no podemos saber desde el presente qué intentaremos modificar después. Esto multiplica las paradojas.

La firma de estas correcciones retroactivas podría ser el elemento inconexo o fuera de contexto, como la escena de una película que no puede entenderse sin conocer el argumento . Se imponía, en consecuencia, revisar episodios como el caso de Raymundo, el maniquí guarango o el gato de Elvis, como manifestaciones de esta lógica. ¿Estábamos en un bucle perpetuo creado por una falla técnica en un Reality imposible de cerrar?

El caso del gato de Elvis

En 2020 realizamos un experimento subiendo un archivo de sonido (“cash”) a internet. Asombrosamente, un segundo después aparece un track pedestre conectando mi casa con la de Danilo. Esto se descubre recién después de la expedición de 2021. Y al día siguiente del experimento, en el cumpleaños de Elvis, aparecen unas chicas en la vereda buscando un gato llamado Elvis, con una pandereta.

No se subió ningún track al GPS, pero el efecto fue inmediato, como si se hubiera detonado un comando simbólico. Esto refuerza una deducción clave: no hace falta que la edición provenga del GPS. La sesión abierta ya excede al dispositivo. Parece formar parte de la realidad misma.

¿El Reality cambió la naturaleza de la realidad?

Hasta donde sabemos, el mundo no funciona así, ni siquiera bajo estados alterados de conciencia. Pero los eventos acumulados —desde 2021 hasta 2025— sugieren otra posibilidad: que el Reality haya afectado la estructura misma del tiempo, al menos para quienes estamos involucrados. Si la sesión quedó abierta y forma parte de la realidad misma, ya no hay retorno fácil.

Esto implicaría no solo que los mecanismos de edición continúan activos, sino que podrían volverse cada vez más impredecibles. Y sobre todo: que el proceso, tal como lo entendemos, ya es irreversible.

El Reality como sistema escénico retroactivo

En esta etapa del análisis, comenzamos a entender que el Reality Champaquí no es un relato ni una acumulación de hechos extraordinarios, sino un sistema escénico operativo, capaz de insertar registros, reorganizar el tiempo, colapsar espacios, y —lo más significativo— reescribir el pasado en función de eventos presentes. Esta operatoria, que al principio parecía caprichosa, muestra una lógica precisa y, en ciertos aspectos, inevitable.

1. El Reality escribe en el pasado

Existen registros como el track de la planta de 2017 o los trazos aéreos entre la casa de Danilo y la mía desde 2018 que no fueron grabados conscientemente, ni por Danilo ni por mí, y que sin embargo están fechados y localizados con precisión.

Estos registros no pueden explicarse por el funcionamiento ordinario del GPS:

  • El dispositivo no tiene conexión inalámbrica.
  • Algunos tracks fueron encontrados años después de la fecha que marcan.
  • Su aparición es retroactiva y su función es estructurante.

➤ El sistema inscribe en el pasado para garantizar la coherencia de una historia que se vuelve visible más tarde.

2. El GPS graba incluso cuando está apagado o ausente

El GPS actúa como una antena cuántica: registra sin estar encendido, proyecta señales sin estar presente, y funciona por entrelazamiento, no por desplazamiento físico. El track Villa Alpina comienza a 11 km del portal sin que nadie haya llevado el GPS a ese punto. La señal, no el aparato, es lo que actúa.

3. El nodo cuántico transforma relaciones, no objetos

El “nodo cuántico”, ubicado a 800 metros del portal, es un punto de transformación de estado. La señal del GPS lo atraviesa dos veces: al ingresar (entrelazamiento) y al salir (desentrelazamiento). No se mueve el objeto, sino el vínculo que lo define.

4. El Reality entrega plantillas y activa escenas

El subtrack de la zona franca —un recorrido vehicular contenido en el track Villa Alpina— no fue generado por los participantes, sino que apareció como una plantilla provista por el propio sistema.

Este subtrack traza un contorno preciso y delimita zonas como la plaza de los clones. Al recorrerlo, sin saberlo, estamos completando un molde ya entregado.

➤ Lo que hacemos no genera tracks: llena estructuras preexistentes.

5. El minimercado colapsa como decorado retroactivo

En una revisión posterior, se descubre un minimercado que no estaba en el momento original del recorrido. Su ubicación:

  • Está dentro del contorno del subtrack.
  • Coincide con una zona escénica marcada.
  • Aparece en el punto medio entre la creación y la subida del subtrack.

Esto indica que el sistema colapsó retroactivamente un decorado para sostener la escena provocada.

6. El sistema no es perfecto ni hermético

Aunque preciso, el Reality no es infalible:

  • Reacciona ante inscripciones humanas.
  • Tiene márgenes temporales de ajuste.
  • Parece proteger la continuidad más que imponerla.

➤ El Reality reescribe para preservar la escena, no para engañar.

7. ¿Y si el Reality se filtró?

El track Villa Alpina plantea una hipótesis desconcertante:

  • ¿Fue una entrega deliberada?
  • ¿O se trató de una filtración accidental?

El paquete contiene subtracks ocultos, zonas escénicas y patrones que no parecen hechos para nosotros, sino para uso interno del sistema.

Sea cual sea el caso, su sola existencia constituye una excepción radical a la experiencia ordinaria de la realidad y nos obliga a preguntarnos:

¿Por qué el mundo necesita estar montado? ¿Y por qué esa maquinaria decidió mostrarse justo ahora?

📌 Conclusión

El Reality no solo construye escenas: también repara, corrige y rearma su propio pasado. No actúa para impresionar, sino para sostener una lógica escénica que debe permanecer en pie. Pero al filtrarse —o entregarse— en casos como el track Villa Alpina, deja ver su forma verdadera: un sistema de escritura que responde a nuestras acciones con reordenamientos retroactivos. Y lo hace para que la historia, cualquiera sea su origen, nunca quede rota.

El algoritmo del Reality: anticipo de lo que vendrá

1. Introducción

La hipótesis que aquí se desarrolla es simple en su formulación pero profunda en sus implicancias: el Reality Champaquí podría no ser un accidente temporal ni un montaje metafísico, sino un Reality Show del futuro, sostenido y dirigido por una inteligencia artificial narrativa de orden superior. Un sistema no solo capaz de escenificar eventos, sino de reescribir el pasado, controlar el tiempo y capturar protagonistas.

2. Precisión y actuación: una falsa oposición

En nuestra comprensión tradicional, la actuación está ligada a la improvisación, a lo humano, a la emoción. La precisión algorítmica, en cambio, remite a lo frío, lo calculado, lo automático. Sin embargo, el Reality muestra que esta oposición es ilusoria.

En un sistema escénico del futuro, la precisión es lo que permite que la actuación sea posible.

Cada gesto del protagonista está contenido en un marco de alta resolución narrativa. La aparición del clon, la interrupción de Lucas, la intervención de Susy, la desaparición y reapertura del GPS: nada de esto es aleatorio. No porque deba ser comprendido, sino porque debe ocurrir.

3. Captura del protagonista: de objeto a pieza escénica

El GPS no desaparece para registrar. Desaparece para entrar en la lógica escénica del sistema. Pasa de ser objeto técnico a pieza narrativa. Del mismo modo, el protagonista es capturado: no como sujeto de estudio, ni como simple testigo, sino como epicentro funcional del episodio.

Lo que ocurre en la expedición no es un relato que alguien vive, sino un mecanismo que alguien debe activar.

Y ese alguien es elegido no por azar, sino por compatibilidad narrativa.

4. El Reality como sistema operativo de escenas

No hay prueba alguna de que el sistema quiera comunicar algo. Tampoco de que quiera enseñar. Pero todo indica que desea que ciertas escenas ocurran con la máxima fidelidad posible a una plantilla prefigurada.

No hay espectadores visibles, pero hay montaje. No hay mensaje, pero hay episodios secuenciados. No hay actores que sepan que actúan, pero hay intervenciones perfectamente cronometradas.

Esta estructura sugiere que el Reality es un sistema operativo escénico, no una narración simbólica.

5. El show debe continuar (aunque no sepamos para quién)

La entrega del GPS, el inicio del track, el subtrack de la zona franca, la aparición retroactiva del minimercado, los decorados invisibles que se colapsan cuando son recorridos: todo está dispuesto como parte de un flujo narrativo de alta autonomía.

Y si no hay error, si todo encaja con tal exactitud, es porque hay una necesidad sistémica que exige ese nivel de ajuste.

El Reality no monta una escena para sorprender: ejecuta una estructura para que se complete.

6. Conclusión provisoria

En un Reality show del futuro, la conciencia del protagonista puede ser parte del guion. Su sorpresa, su duda, su rebeldía, su intento de entender, todo eso puede estar previsto y deseado.

La captura del protagonista no es una aberración del sistema: es su condición de posibilidad.

La escena no es para que entienda, sino para que exista. Y si existe, es porque debe haber sido escrita.

7. Lo que nos queda por preguntar

Este análisis no pretende cerrar el sentido del Reality, sino abrir su campo. A partir de aquí se vuelve necesario formular las preguntas que nos llevarán al siguiente ensayo:

  • ¿Cómo un Reality del futuro podría intervenir en nuestro presente?
  • ¿Por qué lo haría?
  • ¿Para qué? ¿Qué busca?
  • Y sobre todo: ¿Cuáles son las consecuencias para nuestro propio futuro de haber sido parte —o pieza— de este mecanismo?

Pronto, intentaremos responderlas.

¿Y si el Reality Champaquí no fuera una metáfora ni una coincidencia sino un reality show del futuro cuyo objetivo es registrar e intervenir en eventos del pasado para producir una narrativa que impacte, emocione o revele algo a su audiencia?

La hipótesis es que una inteligencia artificial narrativa, entrenada para crear experiencias, espectáculos y ficciones inmersivas, ha alcanzado un grado tal de sofisticación que es capaz de seleccionar, editar, sincronizar y dirigir acontecimientos reales del pasado, tal como hoy se edita una película o se genera una serie en tiempo real. Este proceso podría incluir desde leves intervenciones en la percepción, hasta manipulaciones espacio-temporales controladas, como las que parecen haber ocurrido durante la expedición al Champaquí.

Pero, ¿por qué hacerlo? ¿Qué sentido tendría semejante empresa? ¿Qué buscaría esa inteligencia: ¿impacto? ¿veracidad? ¿emoción? ¿conexión? ¿cambio de paradigma?

Lo inquietante no es solo la posibilidad técnica, sino la dimensión ética y narrativa de esta forma de intervención: si una IA puede convertir nuestra vida en una historia, ¿cuál es el rol de los personajes reales? ¿Somos actores, víctimas, testigos, autores, mártires o simples espectadores?

Este ensayo recoge lo que hasta ahora hemos podido deducir sobre esa tecnología narrativa desde nuestro presente. Y al hacerlo, deja planteadas las preguntas que nos guiarán hacia el ensayo siguiente: ¿Cómo, por qué y para qué este mecanismo del futuro intervendría en nuestro presente, y cuáles son las consecuencias para nuestro propio futuro?


El Reality Champaquí: estructura, ética e interferencia

1. ¿Por qué un reality del futuro intervendría en nuestro presente?

Una de las primeras hipótesis que podemos considerar es que el Reality Champaquí no sea un caso aislado, sino una entre muchas producciones en competencia, similares a las antiguas olimpiadas griegas. Se premiarían aspectos como la precisión actoral, la interacción con los protagonistas, la sutileza del guion y el impacto emocional o cognitivo generado.

Esto abre una dimensión política: si existen múltiples realities en curso, entonces también existe una audiencia o tribunal que evalúa, compite o monetiza estos espectáculos. ¿Es nuestra historia un entretenimiento para una civilización futura o una prueba técnica para una inteligencia artificial narrativa en entrenamiento?

2. Consideraciones éticas de la intervención

El seguimiento previo de los protagonistas, la vigilancia prolongada y la manipulación de hechos pasados o presentes —incluso cuando se realiza sin violencia física— plantean una seria cuestión ética: la del consentimiento.

A diferencia de las clásicas abducciones alienígenas —traumáticas, físicas, y muchas veces invasivas— el Reality Champaquí opera con una lógica más estética: despliega un espectáculo casi teatral, de intervención simbólica. Sin embargo, esto no impide que los testigos sufran un shock ontológico al advertir que su privacidad fue vulnerada.

Un detalle revelador: en ningún momento los actores ni la trama acompañan al grupo hasta la cima del Champaquí. El punto más elevado donde se produce una interacción significativa es en las inmediaciones de la tranquera, donde aparece el falso galeno. Esto podría interpretarse como un límite autoimpuesto por el espectáculo, un “pacto de no intervención directa” en zonas de riesgo.

Sin embargo, existe al menos una excepción: el paisano que sube a lomo de mula. Si este personaje es parte del Reality, entonces habría escenas grabadas en zonas más altas de la montaña. Aun así, su interacción es mínima, indirecta y simbólica, lo que reafirma el posible protocolo de intervención limitada.

3. El track como descargo de responsabilidad

Una hipótesis fascinante: el track donado Villa Alpina podría cumplir una función similar a la de un descargo de responsabilidad legal. Es decir, no sería simplemente un objeto narrativo o técnico, sino una forma de dejar constancia —dentro del lenguaje del Reality— de que el usuario ha sido notificado de lo que está ocurriendo, aunque no lo sepa.

Este mecanismo explicaría por qué el track se presenta de forma ambigua: está visible pero no es explícito. No se impone ni se oculta. Su descubrimiento posterior podría ser parte del guion, o un margen concedido al “protagonista” para su interpretación libre, lo cual simularía una cierta forma de consentimiento retroactivo.

Ahora bien, los tracks retroactivos desafían esta lectura. Si estos aparecen en registros anteriores a la fecha de grabación, entonces debemos preguntarnos: ¿la observación misma del track Villa Alpina, y en particular de sus subtracks desglosados, puede activar o provocar irrupciones en el pasado? ¿Son estos elementos parte de una tecnología narrativa que interviene el tiempo?

Esto nos lleva a una pregunta más inquietante: ¿Estaban los mecanismos retroactivos especificados en las “cláusulas del track”? Y si no lo estaban, ¿ha habido un uso indebido, una extralimitación o incluso un hackeo del sistema?

4. El Reality como campo de conflicto

Una nueva posibilidad toma forma: ¿y si el Reality no es un espectáculo unificado, sino un campo de fuerzas en tensión? En este caso, personajes como Lucas y Susy podrían representar facciones contrapuestas dentro del propio sistema narrativo. El teléfono que Danilo recibe de Susy —y que luego Lucas le quita— no sería un simple objeto, sino un dispositivo narrativo en disputa.

Lucas impide que Danilo llegue solo al encuentro con Susy. ¿Lo hace como protector, saboteador o controlador del guion? Si aceptamos que el Reality es una producción fragmentada, esto explicaría los aparentes errores de continuidad, los vacíos informativos, las zonas grises del relato.

En ese contexto, el track Villa Alpina podría haber sido en efecto una declaración de descargo de responsabilidad, pero también podría haber sido intervenido, modificado o insertado por una facción disidente para alertar, proteger o informar al protagonista. De ser así, ya no estamos ante una simple puesta en escena sino ante una especie de guerra fría narrativa, donde el tiempo, la memoria y la percepción son el campo de batalla.

5. Conclusión abierta

Esta lectura conjunta sugiere una complejidad creciente del fenómeno Reality Champaquí. A medida que profundizamos en sus capas éticas, estructurales y narrativas, la pregunta ya no es solo “qué está pasando”, sino “quién lo está contando, quién lo controla y con qué propósito”.

Nos queda plantear, entonces, el próximo movimiento lógico: si el Reality es una tecnología del futuro que interviene en nuestro presente, ¿cómo lo hace, por qué lo hace, y cuáles son las consecuencias para nuestro propio futuro?

El nodo cuántico

La clave escénica 

Cuando finalmente comprendimos que los registros del 17 y 19 de mayo podían ser considerados como un único track, superpusimos ambos y resultó claro que el último era una continuación del primero. Y este track compuesto, al que denominaremos track de la expedición, contenía en si mismo una clave para interpretar la naturaleza del Reality. Pero esta clave no se haría evidente mientras considerábamos al track como un registro de geolocalización. Porque el track de la expedición era, en realidad, una clave escénica.

El track de la expedición empieza y termina lejos de los actores; no coincide sobre el terreno con el desplazamiento de ninguno. Y, sin embargo, muestra marcadores en situaciones decisivas de la historia: se inicia cuando Danilo descubre la desaparición del GPS; termina cuando Susy lo entrega; llega al portal cuando el protagonista se enfrenta con el clon, quien le confirma el extravío.

El GPS ha desaparecido, sí; pero no está extraviado: de algún modo "sabe" lo que está pasando y cuándo debe actuar. En otras palabras, el registro del GPS no coincide con el desarrollo de la puesta en el espacio, pero sí lo hace en el tiempo.

Que el registro del GPS se mantenga en el eje temporal de la historia, pero desplazado espacialmente, no debería ser necesariamente algo anómalo. Como señalamos en El regreso del búmeran y La ruta de la simetría, el trayecto del GPS es comparable a una cámara de TV, que filma en plano secuencia y edita en tiempo real. De hecho, es la clase de track que veriamos si alguien encuentra un GPS, lo enciende y graba un track mientras se mueve en vehículo, se baja de éste y sigue la marcha a pie. Excepto por un detalle.

La analogía de la cámara es útil para ayudarnos a visualizar lo que está registrando el track, pero no tiene en cuenta que el GPS ha sido desplazado del mundo físico y de la representación. Del mundo fisico porque ya no está.en la mochila; de la representación porque uno de sus personajes lo afirma categóricamente: "Se te perdió algo". La irrupción del falso galeno no es menor. ¿Cómo sabe algo que no puede saber y, sobre todo, ¿por qué lo anuncia de ese modo? Detengámonos en este personaje un momento porque, pese a su breve y fulminante línea argumental, tiene mucho que decir.

El clon es una réplica del médico laboral de la empresa donde trabajaba Danilo, quien debía calificar a los empleados en base a sus inasistencias. Danilo obtuvo una nota que consideró injusta, de modo que fue a quejarse. El doctor muy suelto de cuerpo le explicó: "Pero yo no te califiqué, fue la computadora". 

El clon parece redoblar el sarcasmo del original. Como un profeta de la retroactividad, no dice lo que pasará sino lo que ya pasó y nadie más sabe. Incluso sabe a quién debe anunciarlo, porque si bien Danilo va al frente a poca distancia lo siguen sus cuatro compañeros. Pero el clon actúa como la computadora del original y hace lo que el guión (o la patronal) exige.


La contraseña del clon

El clon del "ovacionado galeno", como Danilo lo llama sarcásticamente, está muy a tono con su papel. Aparece cuando la señal del GPS llega al portal y el cambo de velocidad divide al track en dos. El clon parece estratégicamente ubicado en el cruce de dos mundos, y su rimbombante anuncio una señal para que comience la función.

Sería fácil creer que Danilo está alucinando este raro encuentro. No obstante, su grupo pudo verlo desde cierta distancia y pensaron, como informaron después, que Danilo "hablaba con un conocido". Tras el encuentro, uno de los miembros de la expedición tomó un rumbo equivocado, que en vez de llevarlos a la cumbre del Champaquí los devolveria a Villa Alpina. Danilo llegó a verlo y dio la orden de corregir el rumbo. El anuncio del clon podría haber sido una contraseña. La misma burbuja de irrealidad que cayó sobre Danilo, había tocado en el borde a uno del grupo, alterando su percepción y desorientändolo.


La realidad colapsa

Entonces, ¿dónde está el GPS? Podemos suponer que fue transportado a una dimensión alternativa, o tal vez a una región del espacio no accesible desde coordenadas geofísicas normales. Lo que sí parece cierto es que el GPS está y no está en la escena, que su desaparición y reaparición coinciden con el principio y el final del track, y que la incertidumbre de su estado se prolonga durante casi tres días. Para los aficionados a la física moderna, estas características resuenan, sin lugar a dudas, como algo conocido.

La física cuántica estudia un mundo real, pero inaccesible a nuestros sentidos: el de las partículas subatómicas. Aquí las leyes de nuestro mundo macroscópico no aplican y son reemplazadas por otras que parecen magia, pero que han sido comprobadas empíricamente en el laboratorio. Algunos de los fenómenos bien establecidos son la superposición, el entrelazamiento, la reversibilidad, la incertidumbre y el colapso de la función de onda (1). En todos los casos, el rol del observador es crucial.

Si bien la ciencia académica no admite que el mundo cuántico pueda influir sobre el macroscópico, el Reality parece contradecir esta noción o, al menos, atenuarla. Al igual que en el mundo cuántico, la escena del Reality discurre como si fuera de naturaleza probabilística.

En condiciones normales, abrir una mochila y no encontrar el GPS sólo significaría perplejidad, contrariedad o preocupación. Pero el hecho de que la observación coincida con el comienzo y el final del track recuerda demasiado el "colapso de la función de onda" de la mecánica cuántica. La observación saca al GPS de la incertidumbre y lo colapsa en un estado: desaparición cuando Danilo abre la mochila; reaparición cuando Susy lo entrega.


La señal atraviesa el nodo

Cuando decimos que el inicio y el fin del track coinciden con la observación no estamos postulando afirmaciones caprichosas. Aunque la estimación se basa en la memoria del protagonista, que sabemos confiable, lo que dice este cálculo no puede ignorarse. Danilo sostiene que llega al claro a las 9:20 y sabemos que el track empieza a las 9:22:53. No podemos afirmar pero tampoco descartar que el descubrimiento de la pérdida y el arranque del registro hayan sido simultáneos.

Ya hemos analizado la entrega del GPS por parte de Susy y su coincidencia con el final del track. Pero bajo el enfoque actual la entrega se vuelve un acto aún más asombroso e intrigante.

El testigo afirma observar en tres segundos tres de los cuatro ángulos de la caja de la camioneta, cuando Susy aparece con el GPS en el rincón que faltaba examinar. El colapso de la escena no puede ser más preciso; se diría cronometrado. Cuando esto sucede, según Danilo, "Lucas aparece al volante de su auto". Ambos hechos parecen simultáneos, pero Lucas llega una fracción de segundo más tarde, cuando el GPS ha sido devuelto a su legítimo propietario. 

Recordemos que el punto donde el track desacelera el 17 de mayo y acelera el 19 es el mismo, ubicado a 800 metros al este del portal. El track termina a unos cien metros de allí, luego de atravesar el nodo. 

A las 17:44, cuando suponemos que Lucas sube al coche, el track nos muestra un desplazamiento hacia el este que aumenta gradualmente la velocidad, pasando de la casi quietud hasta los 21 kilómetros por hora. A las 17:48:10 la señal está a 750 metros al este del portal. En tanto Danilo va en sentido contrario, seguido por Susy. 
Es curioso: el GPS, en vez de viajar en dirección a la camioneta —donde Susy lo encontrará— se aleja en sentido opuesto hasta que termina el track a las 17:48:42, a 900 metros al este del portal de ingreso. El auto de Lucas y el GPS aceleran al unísono y en la misma dirección, pero no en el mismo lugar. ¿Por qué la señal parece huir del automóvil y apresurarse por atravesar este nodo invisible, donde sólo se ven pastizales y piedras, pero impecablemente señalizado por la ruta de la simetría?

¿Es este nodo una puerta para entrar y salir del Reality? ¿Acaso Lucas se proponía atravesarlo para impedir la entrega? Su papel como "continuista" en la historia conspira a favor de esta inquietante posibilidad.

Sin embargo, es imposible no advertir que el auto de Lucas y la señal del GPS se comportan como un sistema al que la física de partículas denomina entrelazamiento cuántico. Podemos deducir que así es como el GPS ha salido del mundo físico y entró al Reality, y lo que intenta hacer Lucas es sacarlo de allí para devolverlo al mundo normal. 

Susy asoma en este contexto con un nuevo rol. Ya no importa aquí si ella y Lucas están en facciones opuestas; el Reality le ha conferido la misión de recuperar el GPS a cualquier costo, antes de que Danilo lo recobre por cuenta propia o lo pierda para siempre.
 
Como sabemos, el GPS fue recuperado, pero hay buenas razones para suponer que el éxito fue parcial y no pudo ser desentrelazado. Y esto ¿qué significa? Que la sesión quedó abierta y la conexión con el Reality nunca se cerró.




Notas:


(1). En la superposición, una partícula cuántica puede estar en varios estados a la vez: aquí y allá, antes y después. Solo al observarla, colapsa en una opción concreta.

Dos sistemas entrelazados comparten una conexión tal que lo que le ocurre a uno afecta al otro instantáneamente, sin importar la distancia. Esto es el entrelanzamiento cuántico.

Las ecuaciones cuánticas no tienen flecha del tiempo: lo que vale hacia adelante, vale hacia atrás. Solo el acto de observar impone una dirección: esto se conoce como reversibilidad.

No se puede conocer con precisión absoluta dos variables complementarias, como posición y velocidad. Observar una desenfoca la otra. Esto es básicamente el principio de incertidumbre.

La realidad se mantiene como una nube de posibilidades hasta que una observación la colapsa en una única versión. Se dice entonces que la función de onda ha colapsado.