Ahora el problema no se circunscribía a los dos tracks grabados durante la expedición a Villa Alpina, a cuatro subtracks de seguimiento y a otrosde origen desconocido —también de seguimiento—, archivados automáticamente antes de la expedición; había que revisar uno por uno todos los tracks en el GPS, desde que fue comprado en 2015 hacia adelante.
Lo que había en el GPS era más o menos normal hasta 2017[1], fecha en que aparecen tracks muy breves, de pocos minutos de duración, describiendo trayectorias aéreas alrededor de la casa de mi amigo. Desde esas primeras inocentes pasadas, nuestro vigilante muestra un hábito que mantendrá durante toda su aventura delictiva, apostándose sobre los techos de alguna casa vecina durante los periodos de aparente inmovilidad. Claramente persistía en su hábito un año después, cuando por alguna razón empezó a ocuparse de mí y sobrevolar mi casa.
Si bien al principio esta flagrante invasión de la privacidad me provocó una gran indignación, la imposibilidad de denunciar o accionar legalmente contra algo que supuestamente no existe modificó mi perspectiva. Y tras constatar que a estos chismosos sólo parecía interesarles lo que hacíamos en nuestro tiempo libre, la indignación fue cediendo paso a una recíproca curiosidad. Tal vez, después de todo, algo podíamos aprender y alguna ventaja sacar, a la larga, de estos fisgones cósmicos.
El primer track que explícitamente vincula la casa de mi amigo y la mía es de 2018. Parte de mi casa el 30 de julio a las 15:24.40, se pasea entre mi estudio y el patio durante un minuto y empieza a avanzar en dirección a la casa de mi amigo, donde llega a las 20:53:34. El 31 de julio se adelanta unos metros, en línea recta hacia el noreste, como podría hacer una aeronave rumbo a un destino ya definido, donde llega el 2 de agosto a las 18:08:48, a cuatro kilómetros del punto de partida. Ahí se estaciona hasta las 21:12:45. El trayecto completo se recorre caminando en menos de una hora. Sin embargo, lo que fuere que haya trazado el track se tomó cuatro días.
Fui al lugar donde se había detenido: era una esquina, frente a una escuela primaria. Como no tengo con esa escuela ninguna relación, le pregunté a Danilo si la conocía. No sólo la conocía; había ido a esa escuela varias veces en 2014 y 2015 y con cierta regularidad en 1991, por razones laborales. ¿Podíamos haber estado bajo el escrutinio del ojo que todo lo ve desde mucho tiempo atrás? Es posible pero lo dudo. Creo que si la vigilancia hubiese comenzado tan temprano, este artilugio no hubiese tenido la necesidad —como sospechamos que lo hizo— de viajar atrás en el tiempo.
Algunos de estos tracks antiguos mostraban merodeos por lugares donde el GPS no tiene nada que hacer, como instalaciones militares por donde el propietario del GPS nunca podría haber caminado, al ser una zona restringida. Pregunté a Danilo si alguna vez había prestado el GPS y resultó que sí lo había hecho en una ocasión, facilitándoselo a un soldado. Esto parecía explicar el asunto, menos por qué el soldado, desplazándose por la Guarnición Córdoba, se había tomado varias horas para recorrer un tramo que demanda como mucho veinte minutos a pie. Más tarde descubriríamos una relación poco clara entre nuestro vigía y los militares: una de las casas próximas donde se detenía era la de un oficial de la fuerza aérea; otra la residencia temporal de un militar que había integrado la fuerza de paz de las Naciones Unidas, conocida como cascos azules.
Un track de febrero de 2017 muestra un escaneo alrededor de una sección específica de la planta automotriz donde Danilo trabajaba por entonces, aunque él jamás llevó el GPS a la fábrica. Al parecer al incansable merodeador no le interesaba demasiado lo que Danilo hacía en sus horas de trabajo, porque la parte de la planta escaneada es el lugar donde se retiraba a descansar.
En otros tracks, el registro indicaba que habían sido creados cuando el GPS estaba guardado en un cajón, sin pilas. Aunque el Garmin eTrex 20 puede ejecutar algunas funciones básicas si se lo apaga para ahorrar energía, al menos debe tener una batería cargada para funcionar, como cualquier dispositivo de su clase. Operar en estas condiciones no debería ser posible, pero allí estaban los tracks, como el del 14 de setiembre de 2019.
El trayecto se inicia a las 9:26:13 y termina a las 20:16:26. Parte desde el cerro Los Linderos hasta el Banquito del Champaquí, luego baja a Villa Yacanto, descansa media hora y concluye a la entrada de Alta Gracia. Este track es meramente imposible. O, dicho de otro modo, es perfectamente realizable, pero jamás puede haber sucedido. Para mi amigo el 14 de setiembre de 2019 es una fecha significativa, al igual que para mí lo es el día anterior.
—Lo recuerdo perfectamente. Esa tarde estuve en su casa. Usted me mostró las tarjetas de Raymundo y yo le conté mi experiencia con el clon de la profesora. No se supone que pueda estar al mismo tiempo escalando una montaña y conversando con usted en su casa.
—¿Usted trajo el GPS cuando vino?
—Lo dejé guardado en mi domicilio.
—¿Y cómo explica que haya grabado un track de casi doce horas?
—A juzgar por la fecha, creo que fueron nuestros amigos.
La aparición de estos tracks antiguos planteaba nuevas incógnitas. ¿Podían haber sido “inoculados” durante el extravío de Villa Alpina? No parecía probable, ya que en varios casos la fecha de archivado era hasta cuatro años anterior a la expedición. Por otro lado, si el GPS podía estar en cualquier parte, incluso apagado, para que un track se grabase, ¿qué era en realidad el track Villa Alpina? O bien el artefacto de mi amigo era una rara avis entre los GPS de mano y estaba dotado de propiedades especiales, casi mágicas; o bien una fuente de origen desconocido estaba imprimiendo su huella en el dispositivo. Cabían, por consiguiente, tres posibilidades:
1. El track Villa Alpina fue grabado por alguien que encontró el GPS y registró su desplazamiento sobre el terreno.
2. El track Villa Alpina era algo inventado.
3. El track Villa Alpina fue creado al igual que los tracks antiguos, mediante un procedimiento desconocido.
Sin embargo existía una sutil diferencia entre los tracks antiguos —archivados automáticamente— y el Villa Alpina. En los primeros, el dispositivo nombraba a los tracks con un número, compuesto por la fecha y la hora; por ejemplo: 2019-09-13 14.10.27; no los bautizaba con el nombre de un lugar. Independientemente de la forma en que hubiese sido grabado, el track Villa Alpina dejaba entrever una intervención voluntaria.
En suma el GPS había estado grabando cosas indebidas de un modo insensato, además de imposible, si los tracks eran auténticos. Pero también era cierto que todo este material fue encontrado después de la expedición y podía ser de origen artificial. Como la balanza no se inclinaba en un sentido o en otro, teníamos que determinar de ser posible el origen de esta anomalía.
Anomalía peligrosa
Un receptor GPS reconoce, mediante un grupo de satélites, su propia ubicación. Esto permite grabar un recorrido mientras uno se desplaza. La fuente de grabación siempre es el propio receptor, a menos que esté recibiendo información por vía inalámbrica. El alcance máximo para esta recepción varía según cada modelo, que en algunas versiones del eTrex es de tres metros, pero en el caso de mi amigo no existe.
—Si su GPS está recibiendo datos por vía inalámbrica —dije—, la fuente de emisión tiene que estar en su propia casa.
—Tenemos que descartar a Roberto, mi inquilino. Es cierto que apareció de una forma muy rara… Adivinó que tenía la cochera desocupada horas después de vender mi auto, pese a que no tenía pensado alquilarla y no avisé a nadie. Pero eso fue a fines de 2021. Y tenemos tracks sospechosos desde 2017. Además,mi GPS no tiene conexión inalámbrica.
El sistema GPS ha sido diseñado para geolocalizar, no para contar historias de viaje como parecía estar haciendo el dispositivo de mi amigo. Si una interferencia anómala ocurriese con frecuencia en el sistema de geoposicionamiento global, toda la industria de la telefonía móvil, la meteorología, la aviación, el turismo y el comercio internacional, además del espionaje, se vería seriamente afectada. Aunque las agencias de noticias no dieron gran publicidad al asunto, tal interferencia ha ocurrido a reducida escala en un par de ocasiones recientes. [2] .[3]
Como queda claro, la señal de GPS puede ser interferida de muchas maneras y esta vulnerabilidad ha sido utilizada incluso por terroristas. En nuestro caso, sin embargo, nada de esto ocurría sino más bien lo inverso: el GPS había estado recibiendo datos y grabando tracks, sin errores aparentes, mientras se hallaba apagado y sin alimentación, de una fuente desconocida. Desde luego, no se supone que nada de esto deba o pueda ocurrir en un GPS normal.
Teníamos que averiguar cuál podía ser la fuente que originaba los tracks. Los clasificamos y estudiamos pacientemente durante varios meses. Paulatinamente fue surgiendo un patrón que, si bien no revelaba el origen de la fuente, al menos mostraba algunos de sus hábitos.
La fuente de los tracks
Parecía que esta cosa se movía de dos maneras: por tierra y por aire.
1. Por tierra. En este caso los tracks seguían rutas, naturales o artificiales, como podría haberlo hecho un automóvil o una persona. A menudo la velocidad era, precisamente, la de un automóvil —entre treinta y rara vez más de cien kilómetros por hora— o la de una persona, entre cuatro y seis kilómetros por hora. En general, el seguimiento de las rutas era bastante preciso, con dos excepciones. En proximidad de cursos de agua, parecía desorientarse, moviéndose de modo aleatorio, como si fuese un insecto (las fuentes de agua suelen ser una barrera importante para ciertas longitudes de onda de radio, como es el caso del Wi-Fi). Y cuando encontraba en su trayecto determinadas formas geométricas, principalmente círculos o triángulos —rotondas o plazas, por ejemplo— las recorría una y otra vez, produciendo el efecto de un trazo grueso, que destacaba el contorno de la figura sobre el mapa.
2. Por aire. Por otra parte estaban los tracks que iban de un punto a otro mediante una línea recta, como puede hacer un avión, un helicóptero o un dron. Cuando se desplazaba por aire, inevitablemente lo hacía con una impasible e imperturbable lentitud, a menudo a menos de un kilómetro por hora.
En ambos casos, aunque la velocidad podía cambiar en un mismo track, en general se mantenía estable por tramos. También podía permanecer aparentemente inmóvil durante lapsos prolongados.
En base a estas características, teníamos la impresión de que el movimiento de esta cosa no era teleguiado sino automático, y variaba en función de cálculos hechos a partir de información que recibía del terreno. El énfasis que ponía sobre las figuras geométricas parecía señalar la búsqueda de formaciones de origen artificial.
En resumen, cuando se movía en modo terrestre funcionaba como un mecanismo de prospección en el espacio. Cuando lo hacía por aire, su pasmosa lentitud, ¿indicaba que estaba recogiendo información diseminada en el tiempo?
El problema de la lentitud extrema
La idea —aparentemente fantástica— de que el tiempo puede enlentecerse por efecto de la gravedad dejó de ser materia de especulación tras la invención del GPS. Uno de los postulados de la teoría de la relatividad de Einstein predice que el tiempo se hará más lento en proximidad de un cuerpo masivo. Los satélites GPS llevan a bordo relojes atómicos, y estos marchan más rápido que los relojes atómicos situados en tierra, por lo cual ambos requieren un ajuste especial. En este caso, nuestro planeta es el objeto masivo previsto por la teoría.
En un principio consideramos que esa lentitud podía delatar un interés por registrar conversaciones. Era una idea prosaica, pero había que considerarlo todo. Como es fácil comprobar si caminamos muy lentamente por una calle donde haya personas conversando, los fragmentos de conversaciones oídas en una marcha rápida se convierten en frases con sentido. En este contexto la lentitud indicaría un genuino interés por investigar algo desconocido: los seres humanos y su forma de comunicación; o bien algo conocido —los seres humanos y su forma de comunicación— por razones de estricta vigilancia.
En cualquiera de los dos casos, una fuente de estas características no se enfocaría en dos elementos aislados del conjunto —mi amigo y yo, por ejemplo— sino en la totalidad: debía estar haciendo, necesariamente, un relevamiento de todos y cada uno de los habitantes del planeta o, al menos, de un número significativo. A menos que hubiésemos sido considerados una peligrosa excepción capaz de subvertir el orden cósmico, no hay ninguna razón para pensar que esta vigilancia no se extendiera a los demás.
Puede haber mil razones para espiar a los otros, según el grado de paranoia que cada cual tenga. Un artículo de Global Security menciona que el satélite espía lanzado por Japón en 2020 puede obtener imágenes con una resolución superior a los 40 centímetros.[4] La obsesión de Japón por poner satélites espías en órbita tras una larga serie de fracasos no es tan difícil de entender si recordamos lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki.
—El track que se tomó cuatro días para llegar a la escuela sugiere que usa la lentitud para indagar en el pasado. Eso es lo que pienso.
—Eso es ciencia ficción —objetó mi amigo—. La excesiva lentitud podría indicar simplemente que está mapeando la zona con gran nivel de detalle.
—Esta cosa sabe dónde está su casa, mi casa y la escuela. No necesita ese nivel de detalle en el espacio. Lo necesita en el tiempo.
—Bueno, le concedo que cuatro días para llegar a la escuela es demasiado. Pero si esa lentitud supone un desplazamiento a través del tiempo, no tiene que limitarse al pasado. Igualmente puede moverse hacia el futuro. ¿Quién sabe si algunos tracks —que no entendemos— aun están por suceder?
NOTAS
[1] Fue posible descubrir estos tracks antiguos debido al archivado automático del GPS. El sistema asigna a cada track archivado el sufijo -auto y lo nombra con la fecha original, para evitar confusiones con la fecha de archivado o recuperación. El código fuente revela que en todos los casos la fecha original coincide con la asignada automáticamente.
[2] https://www.gpsworld.com/what-happened-to-gps-in-denver/
[3] https://territoriomovil.net/actualidad/la-interferencia-del-gps-llevo-a-la-faa-a-desviar-el-trafico-aereo-en-texas-expertos-a-perdida/
Sobre este episodio, ocurrido el 18 de octubre, el sitio web territoriomovil.net informa:
El GPS civil se basa en señales satelitales de baja potencia transmitidas en la banda L, un rango de frecuencia de radio que también utilizan las fuentes de radio terrestres civiles, incluidos los dispositivos móviles 5G. Esto hace que el GPS sea vulnerable a interferencias no intencionales debido a la introducción de esta tecnología de última generación. Los dispositivos utilizados en bases militares también son una causa común. Sin embargo, cuando ocurren interrupciones no deseadas, las autoridades generalmente pueden identificar la causa en cuestión de horas.